Opinión

Todo pasa
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Todo pasa

Texto e ilustración: Pedro Bohórquez Gutiérrez TODO PASA Hoy he vuelto a bañarme en el mismo recodo escondido y solitario del río Guadiario después de mucho tiempo (¿doce años ya?) y hoy, también, entre un chapuzón y otro, he vuelto, después de bastante tiempo, a jugar con los lápices de colores. Como ya afirmó Heráclito el Oscuro nadie vuelve a bañarse dos veces en el mismo río, todo pasa. Así el tiempo: correr es su esencia. De la primera experiencia me queda la comprobación de que hay lugares propicios a una felicidad (quizás la única posible) que no sabe de sí misma y que por eso nos lleva a perder la conciencia del tiempo y el tiempo mismo, y de la que sobrevive un precario e intermitente reflejo en la memoria; y de la segunda, la recuperación de un placer de la infancia (tras el q...
Huir del invierno
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Huir del invierno

Texto y foto: Pedro Bohórquez Gutiérrez HUIR DEL INVIERNO A Pedro Solano Cordón Esto es lo que tiene el clima por estas tierras del noroeste: como la niebla, los contornos, las estanciones borran sus delimitaciones estrictas, y así cuando el ardor de un verano que aquí, en contra de la costumbre, se resiste a aflojar su garrote de fuego en su último tramo, de pronto en este día domingo, la niebla extiende su manto de silencio, tan solo roto por el graznido huidizo de una cuadrilla ratera de cuervos erráticos por entre el abandono de las viñas y la música enlatada de un afilador extemporáneo, y te desubica y te traslada de golpe a otra estación con su inclemencia de otro signo. Y en medio del verano, irrumpe sin transición la añoranza de la plenitud solar de ese mismo verano que día a ...
Destierro estival
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Destierro estival

Texto y foto: Pedro Bohórquez Gutiérrez De chico hasta entrada la adolescencia soportaba mejor el calor. Sería porque hasta los dieciséis años pasé los veranos en Los Bujeos, con su casa en una colina próxima al alcornocal, salvo el periodo del año 67 al 70 en que mi padre trabajó en el Colegio Libre Adoptado (CLA) y tuvo arrendado el campo. Al principio, hasta el 66, año en que, durante nuestra estancia estival en el campo cumplí los cinco y primero del que guardo clara memoria, no prestada o apuntalada por los relatos de mi madre o de mis dos hermanos mayores, esas estancias podían alargarse hasta las navidades e incluso hubo un año, cuando todos los hermanos éramos pequeños y mi padre decidía suplir la escolarización con las lecciones diarias que suponía nuestra vivencia en el campo, d...
La Lisboa de Manuel Ángel Gómez Angulo
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La Lisboa de Manuel Ángel Gómez Angulo

Texto: Pedro Bohórquez Gutiérrez Fuente del artículo reseñado: El coloquio de los perros Manuel Gómez Angulo sale airoso en esta aproximación a algo tan inaprensible como es el alma o como queramos llamar a lo que hace que una ciudad no se parezca sino a sí misma. Es el caso de esta crónica de viaje en tres tiempos superpuestos y fundidos en torno a Lisboa. He escrito aproximación deliberadamente porque en esa tentativa titánica de plasmar en palabras las impresiones que deja en la conciencia (de quien la tiene tan despierta como viva la memoria e inspirada la imaginación) el conocimiento de ese espacio mítico donde confluyen todos los tiempos, de geografía e historia enredadas y moldeadas la una por la otra, de esa ilusión de tiempo detenido en que consiste toda ciudad, solo cabe la ap...
Fin de curso
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Fin de curso

OPINIÓN Pedro Bohórquez Gutiérrez Lo peor de todo es corregir, un trabajo fastidioso encaminado a aprobar al mayor número de alumnos posible, un propósito desalentador y que provoca mucha fatiga mental, que choca, en primer lugar (tiene uno la sensación), con el empeño, la resistencia y los obstáculos, más o menos conscientes, de los propios beneficiarios de esta actitud de benevolencia resignada, empecinados –bajo el dominio de no se sabe qué demonio– en hacer las cosas mal y cada vez peor en cada «repesca». Aunque un amigo, ya jubilado de estos lances, defiende que ese empeño (y el daño sobre la salud mental del profesor) es plenamente consciente en quienes lo sostienen. Apuestan estos beneficiarios –ahora lo veo un poco más claro– por una nueva modalidad de aprobado, el que se obtien...
Obituario: Pío tributo a una humanidad luminosa, excepcional y única
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Obituario: Pío tributo a una humanidad luminosa, excepcional y única

Texto: José Manuel Cabezas Cabello «Vivir es la única respuesta posible a las preguntas existenciales» Mircea Cărtărescu Con profunda tristeza, pesar y desamparo hemos de comunicar el fallecimiento de D. Prudencio Cabezas Calvo, viudo de Julia Cabello Janeiro, hombre íntegro de una humanidad ejemplar y de hondas convicciones intelectuales, empresario de la piel, de espíritu resiliente, sabio amante de la filosofía, trabajador infatigable, lúcido colaborador de El Periódico de Ubrique hasta fechas muy recientes, erudito e incansable lector, ensayista, emprendedor y luchador por numerosas causas; entre ellas destaca su contribución a la consecución de un Instituto de Enseñanza Media en Ubrique de los años sesenta del siglo XX, como queda reflejado en el mural de azulejos de la entrada del...
Doble azar o cómo llegué una mañana hasta el <i>Libro de los monstruos</i> de Juan Rodolfo Wilcock
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Doble azar o cómo llegué una mañana hasta el Libro de los monstruos de Juan Rodolfo Wilcock

Texto y fotos: Pedro Bohórquez Gutiérrez Tuve noticia de este raro entre los raros, el bonaearense Juan Rodolfo Wilcock, hace más de un año, rastreando al azar en internet en el catálogo de una editorial exquisita, de alta alcurnia, que incluía en él su «Libro de los monstruos». Mi amigo Manuel Ángel Gómez Angulo, al que comuniqué mi hallazgo, se pregunta «¿de dónde sacarán estos sudamericanos los apellidos, que siempre les quedan pegados al nombre de pila, tan literarios? ¿Cómo lo harán hasta el punto de convertirlos en un disfraz tan apropiado para firmar libros que ni parece que nacieran en Sudamérica? Denevi, Carpentier, Uslar Pietri, Onetti, Puig, Benedetti, Bioy, Ocampo. Hasta en eso dan cierta envidia». O Jorge Luis Borges o Roberto Artl, añadiría. Volviendo a ese primer azar que...
Una preciosa estampa de la primavera ubriqueña
Opinión, Ubrique

Una preciosa estampa de la primavera ubriqueña

Texto: Julián Macías Yuste En aquellos días, ya inconfundiblemente primaverales, en los que las horas de luz y la temperatura habían superado ampliamente a las oscuras y frescas invernales que acababan de terminar, de las pequeñas, pero bellísimas casitas que conformaban el incomparable y majestuoso marco del ubriquealto, abigarradas en su conjunto bajo la protección rocosa del Tajo, que más bien daban la sensación de portalito de Belén que de mano humana, como era ese núcleo primitivo y antiguo de la bien ponderada villa, por las empinadas y estrechas callejuelas, que ya empezaban a estar sumamente engalanadas de infinidad de flores, así como perfumadas del dulce jazmín, y el embriagador azahar de numerosos naranjos, y sobre todo del limonero, que en gran número, cargados de su beneficio...
‘Mi bibliopatía: un corte de mangas a la finitud’: artículo en <i>caoCultura</i>
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‘Mi bibliopatía: un corte de mangas a la finitud’: artículo en caoCultura

"Mi bibliopatía: un corte de mangas a la finitud". Este es el título del artículo escrito por Pedro Bohórquez Gutiérrez y publicado el 25 de marzo de 2022 en la revista digital caoCultura, que edita Mª Ángeles Robles. Este artículo está ilustrado por Manuel Martín Morgado. Pedro Bohórquez Gutiérrez es profesor de Literatura y articulista habitual de El Periódico de Ubrique.  
Ronda ensimismante o nuevo elogio sentimental del acordeón (con permiso de Baroja)
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Ronda ensimismante o nuevo elogio sentimental del acordeón (con permiso de Baroja)

OPINIÓN Texto y fotos: Pedro Bohórquez Gutiérrez A José Domínguez Hoyos Ronda, febrero, más ensimismada que nunca, ahora que es invierno y hace frío y nubes negras cubren su cielo y filtran una luz tenue que impregna la atmósfera y las cosas de su grisalla inhóspita. Ronda, febrero, congelada en su melancólica parálisis invernal, te detiene y aleja mucho más de la próxima estación. Ronda y febrero, ensimismados y ensimismantes, te impregnan en su nostalgia triste como esa música de acordeón que nos llega en este mismo momento de un tiempo que parece tan lejano como el horizonte de la ciudad y su espejismo de infinitud, ahora mismo, un sábado por la tarde de un año cualquiera, sentado en los balcones del tajo. Ronda y febrero te envuelven, sentado en su Alameda abierta al abismo, ...
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