Imagen (fosilizada) del tiempo

Texto y foto: Pedro Bohórquez Gutiérrez

Las inclemencias del tiempo y la intemperie materializada en una chupa de tela que vestí a finales de los ochenta de la pasada centuria, perdida, no sé cómo, y encontrada, inexplicablemente, como relleno en el hueco de una pared de piedra, me salieron al paso como la imagen de un tiempo fosilizado.
Como por entonces tenía el hábito de vestir ropa y calzado viejos y gastados por el uso en mis frecuentes y constantes salidas al campo, hábito que aún mantengo (el de salir al campo y el hacerlo sin el ropaje igualador cuyo consumo las tiendas especializadas, y la publicidad de la industria textil, han generalizado, uniformando al urbanita con veleidades del regresar al seno de la madre naturaleza con atuendos de explorador y sportsman de una gama chillona de colores de camuflaje cuando no de ostentosas fluorescencias, y ajustados al cuerpo), posiblemente la olvidé en algún rincón oculto de las selvas de alcornoques, quejigos y melojos, a siete u ocho kilómetros a pie del lugar en que he vivido la mayor parte del tiempo de mi vida, allí donde tengo jardines secretos en los que me aíslo y me gusta permanecer emboscado, eremita a ratos perdidos. Debí olvidarla, y algún bicho montuno hizo el resto. ¡Cuántas generaciones de mures habrán anidado en ese rebujo de tela y obtenido entre sus fibras sintéticas, hoy agujereadas, de colores desvaídos e indefinibles y con restos de verdín, unos grados de temperatura frente a la humedad y el frío! ¡Y a cuántas generaciones de gatos monteses y vulpejas, después de seis lustros, no habrán sobrevivido esos ratones de campo!
Imagen del tiempo que nada perdona y que todo lo corroe y transforma para devolverlo a sus orígenes de barro y de polvo, alguien con más imaginación y una influencia que uno está lejos de tener y a la que nunca ha aspirado, la hubiera metido en una urna de cristal y expuesto en un museo. Uno, más prosaico y pragmático, sin ambición, se limitó a meter el hallazgo en una bolsa de plástico, tras hacerle una foto con el móvil (no para fijar la imagen en una perpetuidad imposible sino para recordar por unos instantes efímeros, como todo lo que se muestra en la red, uno de los futuros posibles a la vuelta de cualquier esquina del tiempo de toda la ropa que abarrota a reventar nuestros armarios), la acerqué al coche y la guardé en el maletero, junto a otros desechos de nuestra civilización fáciles de hallar en estos tiempos en los lugares más insospechados, y acabé por arrojarla en el primer contenedor que encontré a mi paso.

Desecho de chupa de tela.
Desecho de chupa de tela.


 

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