La guinda: el artesano petaquero. El punto final

OPINIÓN
Julián Macías Yuste

Si repasamos, aunque sea de pasada, algunos de los argumentos de la Filosofía Tomista en relación a la existencia de un Ser Supremo, o sea, Dios, encontramos en una de sus Cinco Vías, una de ellas que bien pudiera, por semejanza, darnos una explicación plausible para rematar con éxito este trabajo, que nos hemos encomendado, que no es otro que la disectomía de las obras de arte que, sobre piel, en Ubrique se consiguen, hasta hacerlas famosas y únicas en el mundo, por muy competitivos que la globalización haga que en estos tiempos sea tarea, si no imposible, sí ardua y hasta difícil.
Nos propone Santo Tomás, siguiendo una línea aristotélica, un Universo cuajado de millones de estrellas, cuyo número y distancia superan, incluso, la mente humana, y éste, sin conocer si quiera a Galileo, Copérnico, Kepler o Newton, y sin saber nada de la Mecánica Celeste o las Leyes de la Gravitación Universal, nos asegura que su casi infinito número no corresponde a un caos, sino que sus movimientos están inmersos en un sapientísimo Orden, por lo que el filósofo deduce que “Un Orden supone la existencia de un Ordenador”, exactamente igual que también deducimos que “un reloj supone la existencia de un relojero”.
¿Y cuándo contemplamos la genial belleza del arte plasmado sobre la piel de un animal, susceptible, por supuesto, de imitarse, pero nunca igualarse…? ¿No abrigamos, también, la certeza de que es necesaria la existencia de un ser inteligente que lo haya conseguido, basándose, por supuesto, en ordenar todos los condicionantes que hemos venido enumerando en los trabajos anteriores?
Y ahondando en el Método Deductivo podremos contestar a las dos cuestiones principales que nos hemos propuesto: ¿Está el artesano-artista petaquero adornado de las virtudes necesarias que hacen que sus obras sean geniales y solamente propias de un excelso artista que sólo el es capaz de lograr? ¿Es solamente propio de la mañosidad y el buen gusto, exclusivamente suficientes para la creación del arte, o son necesarias, quizás, otras razones de acentuado significado más espiritual, como puedan ser la inspiración más profunda, la creatividad más exquisita, la tenacidad a ultranza en conseguir lo que parece inalcanzable, la confianza en superar los fracasos, adversidades y sinsabores que esta ardua tarea conlleva, así como otras cualidades que sería prolijo enumerar? Pues… a la vista de los resultados, que el amable lector deduzca, como hemos apuntado al principio.

¿Está el artesano-artista petaquero adornado de las virtudes necesarias que hacen que sus obras sean geniales?
¿Está el artesano-artista petaquero adornado de las virtudes necesarias que hacen que sus obras sean geniales?


Y no sería justo terminar este trabajo sin mencionar el papel desempeñado por la mujer en esta afamada industria, que, si al principio sólo fue de copartícipe, la verdad es que los trabajos más laboriosos y preciosistas les fueron encomendados, acaparando una de las tareas más fundamentales, como es la costura, que siempre estuvo en manos femeninas, desde la antiquísima lezna hasta las más modernas y sofisticadas máquinas. Y hasta tal punto hubo de ser su contribución fundamental que, el primitivo Gremio, germen y origen de todo lo que ahora contemplamos y analizamos, puso todo su hacer bajo la advocación de Santa Ana, madre de la Santísima Virgen María, cuya festividad se celebra el 26 de julio, como modelo de laboriosidad, como reconocimiento masculino a la inestimable ayuda que recibía de su cónyuge, a pesar de las innumerables tarea, propias del ama de casa, que ésta tenía que realizar.
Son muchos los familiares y amigos a los que siempre admiré en sus artesanales ocupaciones y a los que, con todo mi cariño y admiración, dedico estos versos:

¡Qué grande eres! ¡Abnegado petaquero!
Con solo tus manos haces, día a día,
sobre una piel, la bella artesanía
que tanto admira el mundo entero.

Inclinas la cerviz ante tu losa
de blanco macael, y ya acabada,
te llena de orgullo, contemplada
como perla del mar, y más hermosa.

Y de nuevo, tu alma creadora
recibirá del Arte la llamada…
Tu pueblo la “Colmena Cantaora”
hará honor a tu vida recatada.
Noble y jovial, que solo implora
los Remedios a su Virgen venerada.

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