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Juan Coronel: in memoriam

OPINIÓN
Texto: Juan Francisco Ordóñez González

(Antes de comenzar a escribir esta semblanza me atrevo a solicitar a nuestro Ayuntamiento, con el consentimiento de nuestro actual director, don Fernando Corrales Pérez, cambiar el purpúreo nombre de Avenida Herrera Oria por el más laico de Avenida Juan Coronel Reguera. Allí donde está sito el Instituto).

A don Juan Coronel Reguera
En algún momento de su juventud, cuando aún soñaba con ser futbolista, con marcar goles como su tocayo Arza, Juan compuso el tipo y surgió para siempre una personalidad que con el tiempo se convirtió, más allá de legítima, esto por supuesto, en legendaria… Siempre pensé que en él se confundía el hombre real con un personaje de la literatura.
Gustaba de traer a colación, entre sus argumentos, la cultura francesa, la cual admiraba. Hubiera sido un muy digno personaje de Alejandro Dumas, luchando con honor junto a los mosqueteros, hubiera defendido firmemente unos valores nobles: honor, amistad, justicia.
Su tono de voz y su planta eran generosas herencias genéticas que utilizaba con perspicacia. Ávido lector de libros y de periódicos, le encantaba oír la radio, ver cine, últimamente series. Y sobre todo su pasión era el Sevilla FC.
Juan era cautivador, tenía una personalidad arrolladora. Ancha es Castilla, gustaba de decir: Creía en la libertad… Era hombre de centro, fácilmente podía llegar a acuerdo con opiniones a izquierda y derecha. Vivió la Transición con vehemencia. Creía firmemente en la democracia.
La figura de Juan Coronel Reguera supera al hombre, nunca dejó a nadie indiferente, su memoria atesoraba siempre un argumento intelectual convincente para llevar el debate a su terreno. Juan era un gran conversador. Siempre creyó en el diálogo.
Cuando hablabas con él siempre tenía un profundo consejo que dar, una arenga. No se reservaba nada. Movido por sus ideales. Hombre muy peculiar, son cientos los profesores y alumnos que tienen alguna vivencia con él.
Durante su época como director Juan era una leyenda en el mundo educativo. Todo el mundo lo conocía. Defendía sus opiniones con un impetuoso carácter. Era muy obstinado, lo que le permitió lograr muchos de los objetivos que se propuso para con nuestro centro educativo.

Juan Coronel (Foto: Juande).

Juan Coronel (Foto: Juande).

Quiso poner a Ubrique en el mapa de las mejores infraestructuras educativas. Hoy nuestro instituto es una referencia: Amaba Ubrique. Pensaba en las dificultades para estudiar de los niños de las zonas rurales. Y ese mensaje lo llevó a todos los rincones de la Consejería de Educación. Lo focalizó en nuestro pueblo. Luchaba por que esos privilegios que tienen en las áreas urbanas, con un cómodo acceso al estudio de las enseñanzas medias, llegasen a nuestro pueblo con todos los más óptimos recursos para profesorado y alumnado: ¡Aquí se trabaja tan bien!
Uno de sus aforismos era “hemos de lograr para la enseñanza pública la calidad de la privada”: recursos y pedagogía, instalaciones y mobiliario, los ciclos formativos como trampolín de futuro para la sociedad…, siempre estuvo orgulloso de llenar las universidades año tras año de estudiantes salidos de nuestro instituto. De que en las empresas trabajaran estudiantes formados aquí. Siempre sacaba a Kaplan y a los anarquistas ubriqueños del XIX. La idiosincrasia de las gentes de nuestro pueblo, el afán por que los niños ubriqueños se labren un futuro mejor, le vino magníficamente a nuestro exdirector. Ubrique y Juan eran tal para cual.
Juan fue un visionario en muchos aspectos. A la “España vacía” que se denuncia en la actualidad quiso darle voz, mediante su empeño por mejorar las oportunidades educativas de los jóvenes de nuestro pueblo y de los de nuestra pequeña comarca.
Tuve la suerte de estudiar en el Instituto y siempre había un agradable ambiente. Todo funcionaba siempre milagrosamente bien, profesoras y profesores, familias y alumnado. Aún hoy sigue siendo así. “Será el espíritu de Los Remedios”.
Juan se rodeó siempre, curso a curso, de los mejores de cada claustro de profesores y delegaba en ellos las funciones correspondientes a los distintos cargos. Siempre estuvo muy bien arropado. Estar rodeado por un gran equipo humano de profesionales, por supuesto, fue imprescindible. Dicho por él.
Juan iba de frente, no ocultaba nada. Cuando en estos últimos años le he mencionado el instituto siempre sus palabras fueron de elogio y nostalgias para todo el equipo de personas con el que compartió su vida profesional. Se sentía querido por todo el mundo, hasta por los que no comprendieron su temperamento en algún momento. No tenía rencor a nadie. Estaba muy agradecido a la vida, se sentía afortunado.
Soñó con mejorar nuestro pueblo mediante la piedra angular de cualquier sociedad que se precie: la educación.
En Juan Coronel Reguera, como en El hombre que mató a Liberty Valance, a veces no se distinguía al hombre real de su propia leyenda.
Es muy lastimosa su marcha, ahora que disfrutaba de sus nietos junto a su mujer, con la que tan buena pareja hacía. Quiero transmitirles el más sentido pésame a Margari, a Ana, María y Juan, y a toda su familia.
Paul Valery traduce al francés a Píndaro para el comienzo de El Cementerio viviente:
Ô mom âme, n’aspire pas à la vie immortelle, mais épuise le champ du possible.
Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, agota, antes bien, toda la extensión de lo posible.

 

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