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Concentración en la avenida de España para reclamar democracia real ya

El domingo 19 de junio de 2011, de 19 a 21:30 horas, se celebró en el centro de la avenida de España de Ubrique una concentración convocada por internet para reclamar democracia real ya. Los concentrados siguieron el llamamiento efectuado a escala nacional por el llamado colectivo del 15-M, indignados agrupados en torno al lema de Democracia Real ¡Ya!, y desplegaron una pancarta en el suelo y algunos carteles en los que se cuestiona el actual sistema financiero y político. Al final de la concentración, que reunió a unas cien personas, se leyó una fábula a modo de manifiesto. Este texto, escrito por David Menacho, lo leyó Fernando Sígler.
Seguidamente, Candy Ramírez se dirigió a los concentrados para explicar que otra de las reivindicaciones es la oposición al llamado Pacto del Euro, que va a suponer nuevas medidas de recortes sociales.

Lectura del manifiesto al final de la concentración.

Lectura del manifiesto al final de la concentración.

Texto leído al final de la concentración:



'No hay pan para tanto chorizo'

'No hay pan para tanto chorizo'



Fábula de la tele estopeada
Por David Menacho
Érase una persona a una tele pegada.
Érase, que esta persona se creía feliz con ella.
Se creía informado, entretenido y a veces formado.
Y lo que es mejor, gracias a la televisión se creía libre.
Era libre de ver el programa que quisiera, de informarse con los periodista que él creía elegir, de comprar la comida que creía que más le gustaba, de comprar cosas que no le hacían falta en los centros comerciales que el libremente escogía, se sentía físicamente en forma viendo los programas deportivos, veía las películas y las series que creían que más le gustaban, incluso se creía culturizado gracias a los programas educativos.
Gracias a su televisión era muy facial ser libre porque siempre había alguien que le decía lo que debía de hacer.
Siempre había alguien que le decía como debía pensar, a qué futbolista debía admirar, qué servicio de telefonía debía contratar, qué películas debería ver, qué alimentos sanos debía comer y cuáles no, qué pantalones le convenían más, qué gafas le iban mejor a su cara, qué música pasada de moda debería oír, qué tipo de vehículo le iba mejor a su personalidad, de qué enfermedades se debía proteger, a qué grupo terrorista había de temer, de qué nueva catástrofe o epidemia se tenía que proteger y a qué Dios se tenía que encomendar.
Era tan fácil ser libre, que cuando llegaba la fiesta de la democracia sabía perfectamente a qué político debía votar, no porque lo hubiese convencido con sus propuesta sino porque lo convencían las razones para no votar a los otros.
Pero como todo cuento de hadas, éste tuvo su final que resultó ser dramático la tarde en que su televisión dejó de funcionar, y esta persona tuvo que darse de bruces con la realidad.
Lo primero que hizo fue levantarse y darle un par de golpecitos al aparato, después desesperado, llamó a un amigo que entendía de esas cosas mágicas de la electrónica y que tardó un día en llegar, para, después de darle otros dos golpecitos le recomendó que se la llevara a un técnico, cosa que hizo al día siguiente. Después de cinco días esperando la respuesta del técnico, éste se sinceró y le dijo que la televisión no tenía arreglo pues la mayoría de los aparatos tienen una vida útil y llegado un tiempo simplemente dejan de funcionar. Desesperado por la pérdida de tiempo, esta persona se fue a un gransupermega centro comercial donde pidió que le vendieran una televisión que no se apagara porque sí cuando llevara un tiempo funcionando. Después de mucho buscar se terminó conformando al comprar la televisión con lo último en imagen y sonido del mercado y que se quedaría obsoleta pocas semanas después.
Tres días después llegaron a su casa un par de operarios que le traían una gran caja con su televisión nueva en el interior. Les pidió a los operarios que la dejaran en el salón y se marcharan.
Durante todo el tiempo en que esta persona estuvo sin televisión pasó un infierno personal en que las horas se le hacían eternas y que le provocaban tal ansiedad que tenía que salir de su casa porque ésta se hacía cada vez más pequeña. Pasó prácticamente todos estos días en la calle hablando con gente que no conocía y de los que conocía de todos un realidad diferente. Pudo conocer a un jubilado, a un banquero , a un monja, a un profesor de secundaria, a un ex militar, a un taxista, a un universitario, a un político del partido que menos le gustaba, a un ciclista, a un cura que trabajaba como misionero en el extranjero, a un abogado, a miembros de un grupo ecologista, a un actor nada conocido, a un empresario de éxito y a un trabajador autónomo, a un policía, a un sindicalista, a un parado de larga duración, a un inmigrante asiático y otro magrebí, a un coleccionista de sellos, a un vagabundo y a un bombero.
Concentración en la avenida de España.

Concentración en la avenida de España.

Durante las noches la ansiedad no cesaba y se las pasaba en vela dando vueltas en la cama hasta que decidió utilizar las horas de insomnio en hacer algo que no había hecho nunca: leer. Y empezó la aventura apasionante de vivir las vidas de otros a través de los libros.
Por eso, el día en que llegaron los operarios con la caja de su televisor su forma de ver la realidad se había trasformado para siempre tras haber conocidos otras realidades por boca de otras personas. No era más feliz incluso se sentía totalmente desorientado e inseguro, pero sentía por primera vez en su vida un espíritu crítico que le hacía plantearse todo lo que tenía como seguro.
Por eso, el día que vio en su salón la gran caja con su televisión nueva, cogió lápiz y papel, y empezó a escribir utilizando la gran caja como mesa, por un lado las cosas de este mundo que no le gustaban y por otro las cosas que según él y solo él pensaba que habría que cambiar para que este mundo fuera mejor. Una vez terminado salió a la calle con los papeles en la mano.
Esta tarde esta persona puede estar aquí en Ubrique entre nosotros, o en Sevilla o en La Coruña o en Murcia o en Santa Cruz de Tenerife o en cualquiera de las cientos de ciudades y pueblos de España y Europa donde se está pidiendo de forma clara que se nos deje de tratar como a imbéciles y que no solo somos mercancía, que tenemos la conciencia clara de que estamos en el siglo XXI, que es el siglo de la gente y que vamos a ser de forma segura protagonistas de nuestro destino y de la historia.
Dentro de 20 ó 30 años podremos decir orgullosos: ¡Yo estuve allí! Democracia real ya.
Ubrique, a 19 de junio de 2011.