Sale la Luna. Silencio

OPINIÓN
Pedro Bohórquez Gutiérrez

¡Qué misterio ver salir la Luna esta noche de julio en la soledad del campo! La anuncia un tenue fulgor amarillo que poco a poco se va encendiendo hasta abrir paso a su redondez menguante en la estribación de Sierra Blanquilla, cuyo contorno comienza de pronto a dibujarse en la oscuridad estrellada, al igual que la silueta del Peñón del Berrueco que a su derecha recorta su figura inconfundible como una erupción en la línea suavemente ascendente del alcornocal.
El aire está quieto. No se mueve una hoja. Los grillos parece que se han tomado una vacación y los autillos que momentos antes sonaban desde lo oculto lejano han enmudecido. Es casi el mismo silencio que precede al amanecer o a la caída del Sol en este mismo mes de julio que se nos va, cuando callan de repente las chicharras, silencio sin fisura aparente, pero que revela su fragilidad con el desgarro de un mugido próximo.
Este de ahora tiene una calidad más densa y parece que va a imponerse de una manera definitiva. A medida que la Luna, que comienza a menguar, asciende y va perdiendo esa palidez amarilla de sol venido a menos y enfermo, y su claror se torna lácteo, el dominio absoluto del firmamento estrellado hasta el vértigo de momentos antes, la noche oscura con su inmensidad ajena, indiferente a nuestra insignificancia mortal, inabarcable como un mar invertido, cede y se diluye, como en un simulacro de día, en esa claridad de plata que comienza proyectando sus luces y sombras alargadas que poco a poco irán encogiéndose. Solo Venus permanece.
Pero poco a poco regresan, imperceptibles al principio, los sonidos. Un mugido, un ruido, como un carraspeo entre las ramas de las palmeras próximas, la flauta monótona de los mochuelos, en un diálogo que resuena a distintas distancias, creando un concierto antiguo y remoto cuya melodía monótona parece cifrar un secreto que se nos escapa siempre, ladridos que parecen llegar de una lejanía imposible… Una vida comienza a despertar y puntea el silencio con notas secretas y tenues, amortiguadas por la distancia y cuya cualidad hipnótica me mantiene un tiempo sin medida atento al misterio mientras la Luna asciende en el firmamento y aleja las estrellas y su interrogación sin respuesta. Como otro día más.

¡Qué misterio ver salir la Luna!
¡Qué misterio ver salir la Luna!
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