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‘El gamonero gallego’, cuento premiado de Mario Fernández Rodríguez

Soldados franceses de la Asociación Histórico-Cultural Villa de El Bosque, en la Plaza del Ayuntamiento de Ubrique en 2013.

Soldados franceses de la Asociación Histórico-Cultural Villa de El Bosque, en la Plaza del Ayuntamiento de Ubrique en 2013 (Foto: F.S.).

Texto: Mario Fernández Rodríguez,
(alumno de 2° ESO B del IES Nuestra Señora de los Remedios, de 13 años).

EL GAMONERO GALLEGO
Érase una vez en Ubrique a finales de abril, cuando Álvaro estaba en la parada de autobús esperando a su amigo que venía desde Galicia. Álvaro estaba muy nervioso ya que hacía mucho tiempo que no veía a su amigo André. Desde que se conocieron durante unas vacaciones en Almería no habían vuelto a verse. Coincidieron en el mismo hotel y durante esas vacaciones se hicieron inseparables. A partir de ahí hablaban casi a diario, y recordaban a menudo la promesa que se hicieron de volverse a ver. Ya había llegado ese momento, André estaba llegando a Ubrique, además era la fecha de la” Crujía de gamones”, una fiesta local muy especial en Ubrique y para Álvaro que iba a poder compartir con su gran amigo.
Álvaro era un chico de unos catorce años, nacido en Ubrique. Vivía en el centro de Ubrique cerca de la plaza del ayuntamiento. Era alto, delgado, su pelo era de color castaño y le gustaba mucho el deporte, sobre todo hacer rutas por la sierra. André era un tipo de la misma edad, nacido en Galicia, en un pueblo costero llamado Muros, con un paisaje totalmente diferente a Ubrique, uno de montaña y el otro costero. Era de estatura media, rubio con el pelo rizado y le gustaba mucho el deporte pero lo que más le gustaba era bucear en las playas salvajes de su pueblo.
Pasó un rato, ya se veía el autobús llegando Álvaro cada vez estaba más nervioso.
¡Álvaro qué de tiempo sin verte! – dijo André eufórico.
André que de tiempo ¡Por fin nos vemos! Qué ganas tenía de que llegases, tengo muchos planes preparados para ti durante estos días- contestó Álvaro con muchas ganas.


Mientras caminaban hacia casa de Álvaro se contaban las cosas que le habían pasado en todo este tiempo sin haberse visto, aunque muchas de ellas ya las sabían, pero no era lo mismo contarlo en persona. Álvaro había ido a Londres, estuvo de vacaciones con sus padres y su hermana y le contaba toda su experiencia a su amigo; André había adoptado a un perro galgo, le iba contando todas las travesuras que hacia su perro mientras le enseñaba fotos de él en su móvil.

Los dos estaban muy nerviosos y no paraban de hablar y de contarse todo lo que les pasaba por la cabeza, no paraban de reír, estaban muy felices por haberse reencontrado.

Mientras caminaban, André se fijaba en cómo estaban las calles decoradas, había flores, cruces y un columpio un poco raro colgado en las paredes de una calle. Nunca había estado en Ubrique pero estaba seguro que toda esa decoración no era normal, algo estaban preparando en el pueblo. También se fijó en unos hombres haciendo un círculo de ladrillo en el suelo y le pareció extraño, ya no pudo contenerse y preguntó a Álvaro qué era eso, pero su amigo puso cara de pillo y le contestó que ya se lo explicaría todo detenidamente dejándolo con algo de intriga a sabiendas que así le haría más ilusión cuando le contase todo sobre los Gamones.

Cuando llegaron a casa de Álvaro sus padres le dieron la bienvenida.

– ¡Qué alegría verte André!¡Has crecido bastante desde la última vez que te vi! Le dijo la madre de Álvaro a gritos.

-Yo también estoy muy contento de estar aquí, parecía que nunca iba a llegar este día, contestó André.

-André, estas hecho un tiarrón del norte, le dijo Javier, el padre.

-Ja, ja ja. Rió André.

-Os he preparado unos gañotes para merendar que son un dulce típico de Ubrique en Semana Santa, les dijo la madre.

– ¡Te van a encantar! Vamos a merendar, dijo Álvaro.

Cuando merendaron, Álvaro le enseñó la casa a su amigo y le dijo donde dormiría y donde podía colocar su equipaje. André se puso a deshacer la maleta, mientras que hablaba con Álvaro.

– ¿Cuáles son los planes que tienes para el tiempo que este aquí? -preguntó André con curiosidad, todavía estaba intrigado con los adornos que había visto mientras iban a casa de Álvaro.

-Eso ya lo verás, respondió Álvaro con ilusión, ahora vamos a descansar un poco para después ir a cenar con mis amigos, Seguro que te caen todos genial, son unos tíos muy simpáticos.

Ya habiendo descansado, Álvaro y André se prepararon para ir a cenar. Habían quedado en la plaza del ayuntamiento con todos los amigos de Álvaro y de allí se irían a cenar a la baguetería todos juntos.

Cuando llegaron a la plaza Álvaro le presentó a André todos sus amigos, eran bastantes y todos lo saludaron y lo acogieron muy bien, como Álvaro suponía, todos sus amigos eran geniales.

-Sois muchos y no me voy a acordar de vuestros nombres…dijo André sonrojándose.

– ¡No te preocupes! Ya los irás aprendiendo, le contestó Pedro.

Echaron unas risas contando cosas de aquí y de allí, comparando expresiones de Ubrique con Galicia, y entre risas llegaron a la baguetería.

Se sentaron en la mesa, se pusieron a hablar entre ellos mientras se reían mucho contando las batallitas que le habían sucedido en estos últimos meses.

Cuando cenaron Álvaro y André decidieron irse, ya que André estaba muy cansado del viaje.

-Bueno chavales, nosotros nos vamos a descansar, les dijo Álvaro a sus amigos

– ¡Adiós, hasta mañana!, contestaron varios de sus amigos.

Una vez se había despedido se fueron dando un paseo a casa de Álvaro.

Los chavales llegaron a casa y se fueron directos a la cama, cayeron rendidos.

Álvaro tuvo un mal sueño, ya que soñó que estaba en otra época, allá por el siglo XIX, cuando los franceses intentaron invadir Ubrique ocupando la zona y parte de la población huyó a la sierra donde explotaban gamones, que son una planta silvestre que crece por toda la zona, contra las piedras, después de haberlas calentado en una hoguera. Estos al chocarlos contra una piedra producen un ruido fuerte, que con el eco de las montañas parece un disparo, para que los franceses creyeran que estaban fuertemente armados y así lograr que se fueran y les dejaran su pueblo tranquilo, Álvaro estaba soñando que él era uno de los franceses que venían a conquistar Ubrique y estaba huyendo del pueblo porque estaban escuchando muchos disparos desde la sierra…

Estaba tan ansioso por contarle a su amigo todo lo relacionado con la fiesta de los gamones que hasta estaba soñando con ello.

Se despertó sudando e hizo que André también se despertara preguntándole que le pasaba.

-Álvaro, ¿qué te pasa? -preguntó André acelerado.

-He tenido una pesadilla-respondió Álvaro.

Entonces le contó la pesadilla y la relación que tenía con la sorpresa que le tenía preparada para él.

-Cada año sobre esta fecha, más concretamente entre el dos y cinco de mayo se celebra en Ubrique la “Crujía de gamones” para conmemorar aquella historia, la que he soñado.

Para ello se adornan las calles con cruces de flores, se ponen guirnaldas de luces en las plazas de cada barrio y se hace la candela en el círculo de ladrillos que viste ayer, ahí se calientan los gamones y se explotan contra una piedra y en alguna ocasión alguna gente se disfraza de franceses para recordar la historia.

En cada barrio de Ubrique se prepara una candela y se celebra la crujía. Montan barras de bar en las calles, las familias enteras salen a la calle y desde los más pequeños hasta los más grandes explotan los gamones y se quedan hasta muy tarde en la calle.

Una parte muy importante de la fiesta es la recogida de los gamones. Hay que ir al campo a recogerlos. Desde días antes de la fiesta la gente va a recogerlos-le contó Álvaro detenidamente.

André quedó sorprendido con toda la historia, no podía creer que una planta hiciera tal ruido como le explicó Álvaro y tenía ganas de vivir la experiencia. Los chicos se durmieron otra vez y despertaron casi a la hora de la comida.

Cuando terminaron de comer el padre de Álvaro les dijo a André y a Álvaro que se prepararan para ir a coger gamones al campo.

¡Venga chicos! Preparaos para ir a por gamones, les dijo el padre.
Los gamones son una planta que crece en el campo, es una especie de vara larga y en sus ramas tiene una especie de pelotita André y Álvaro se prepararon y junto con el padre se montaron en el coche para ir a coger gamones.

Se dirigieron hacia el Mojón de la Víbora, que es una zona de los alrededores de Ubrique en la que suele haber muchos gamones por allí.

-Vamos André, te enseñaré uno para que sepas como son, dijo Álvaro

– ¡Claro! le contestó André.

Una vez que ya André supo lo que eran empezaron a coger gamones, al cabo de dos horas pararon porque ya tenían muchos y al día siguiente podían ir otra vez.

El padre le explicó cómo prepararlos para meterlos después en la candela, había que quitarle las ramas con las pelotitas. Cuando iban a pelarlos a la sombra de un árbol una vaca se les acercó y André se asustó ya que creía que le podía hacer algo pero cuando vio que no hacía nada se acercó otra vez y volvió a pelar gamones.

Llegó el gran día, el tres de mayo, ya tenían los haces de gamones en la terraza preparados, desde allí veían a la gente que los transportaba ya hacia la Plaza de la Verdura, barriada cercana a la casa de Álvaro donde éste y su familia solía vivir la noche de los gamones.

Con ayuda del padre de Álvaro llevaron los haces hasta la plaza Había mucha gente, música sonando de fondo, los ubriqueños estaban muy animados en su fiesta y una barra para pedir bebidas y montaditos.

Álvaro le explicó cómo hacer para que los gamones explotaran, tenía que meter en gamón por la raíz en la candela y dejar que se calentara cuando viera que echaba humo por la raíz estaba listo para golpearlo fuertemente contra la piedra y hacerlo explotar lo más fuerte posible.

André lo intentaba pero no conseguía escuchar ese ruido del que su amigo le había

hablado.

-Álvaro, ¿estás seguro que estos explotan?-preguntó André.

-Ja, ja, ja, André, claro que explotan, solo falta práctica. Te ayudaré.

Álvaro empezó a preparárselos para que André solo tuviera que dar el golpe contra la piedra y sonara aquel ruido como el de un disparo o cohete. Tras varios intentos André lo consiguió! había conseguido explotar su primer gamón!. Le hizo con mucha ilusión.

-Esto es genial Álvaro, ya creía que no iba a ser capaz.

-Claro que ibas a ser capaz, estaba seguro de que lo conseguirías, ya solo te queda aprender a calentarlos.

– ¡Eso está hecho! Ahora mismo empiezo a hacerlo yo.

Los chicos estuvieron toda la noche explotando gamones, entre risas y crujías se les pasó la noche muy rápido, estaban pasándoselo genial, disfrutaron mucho de la fiesta.

Álvaro estaba muy contento porque veía como su amigo estaba encantado de estar allí con él…esto tendrían que repetirlo.

Llegaron a casa de madrugada,se ducharon y se echaron en la cama charlando sobre la experiencia vivida , ambos estaban muy contentos, aunque los dos sabían que se acercaba el momento de la despedida , ya que André se marchaba al día siguiente por la tarde .

Llego el momento de despedirnos – dijo Álvaro muy triste.

Pues sí -contesto André entre lágrimas.

Veras cuando le cuente la historia de La crujía de gamones a mis padres !van a flipar !-exclamo André.

Si se animan podéis venir en año que viene – le decía Álvaro.

Los amigos entre abrazos se prometieron volverse a ver y que no pasara tanto tiempo como esta vez.

André le dijo que ahora le tocaba a él ir a Galicia y que intentara que fuera en verano ya que al estar de vacaciones podría quedarse más días para poder enseñarle todos los rincones de su pueblo y sobre todo poder llevarlo a bucear en sus playas favoritas ya que era lo que más le gustaba hacer a André y así poder compartir también algo con él

Colorín colorado este cuento ha acabado…

[Cuento premiado en el concurso de cuentos y relatos organizado por la Delegación de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Ubrique, 9/7/2020]