'Señales inequívocas', por Casiano López

LOS PARAÍSOS PERDIDOS
Casiano López Pachecho
Me encantaría, de veras, congratularme con el PSOE -federación andaluza- por el excelente proceso renovador de su Secretaría General –el Susanato- con un apoyo suicida y desproporcionado de un 96 %, que concentra todo el poder del partido y de la Junta en una sola persona. Una desconocida mujer cuya ascensión y coronación pública eclipsaría al divino Augusto, que dibujó una raya en el agua antes y después de su nacimiento. Por la misma razón me encantaría dar mi enhorabuena al gobierno del PP -sinceras y no afectadas- por haber dejado de mentir a los contribuyentes en cuestiones trascendentales. Asuntos importantes que chamuscan seriamente su credibilidad , hecha añicos por una infame cadena de falsedades que varían de burdas a muy elaboradas. Nos toman por idiotas, muy idiotas o lo que es peor, memos. Si el presidente del gobierno dijo que el Sr. Fabra era una persona respetable en un desliz, ahora que ha sido condenado a 4 años de cárcel, me entra canguelo de pensar en qué manos estamos.

Si además, uno de los pretorianos, un tal Pons, se excusó bochornosamente con el mensaje subliminal de que el PP es tan honrado como el resto de partidos es para tirarse de los pelos. Ciertamente suficiente para alegrarse y festejarlo, ya que esas palabras cargadas con plomo inspiran tanta tranquilidad como invertir en preferentes los ahorros de tu vida. Un arriesgado equilibrio sobre el alambre, preñado de cuchillas al estilo de Melilla, implica vivir en la celtibérica península día a día. Ser español, como ser griego se está convirtiendo en una profesión de alto riesgo.
Un riesgo palpable el que se sufre en esta vida terrenal, en este valle de lágrimas donde los motivos para la felicidad y la infelicidad son como la madre Naturaleza, múltiples y variados. Y la suerte, el destino o el azar se reparten tan aleatoriamente, tan indiscriminadamente, que nadie está a salvo lo mismo de una tragedia que de una inmensa alegría.
Qué nos agradaría entonces, que el sindicato de clase UGT no hubiese trincado la pasta gansa que ha distraído alegremente comprando maletines asiáticos, cuando en Ubrique-cuna de la piel- los manufacturan con calidad suprema dando vida a este pueblo tan especial con un magnifico pedido. O porque no hubiesen organizado un Congreso de medio millón de euros que endiñaron después a la recortadora Junta de Andalucía, tan proclive a castigar a sus ciudadanos para compensar los dineros que tan eufóricamente regala a los representantes – o bandoleros- de los trabajadores. Cifras impresionantes que es incapaz de regular, justificar o controlar por su ineptitud o desidia. Mas ninguna cabeza rueda en la corrupta España actual de fandango y pandereta, de vírgenes, operetas y toros, de secesionistas catalanes en alza, etarras y asesinos en libertad. Pero en el Sur brilla una estrella que desciende de los altares, la divina Susana, emperatriz de Andalucía, nuevo experimento de un PSOE sin rumbo y a la deriva que ha confiado su suerte otra vez a los dados de una trianera en alza con la que esperan salir de la travesía del desierto que atraviesan por la ineficacia del doncel leonés y del Rudalclavo que se niega a irse todavía.
Llevará la ungida las riendas de una comunidad que tiene un 40 % de su población en riesgo de exclusión social, en la que ellos, los socialistas no han tenido nada que ver según se desprende de sus acciones. Con sus cabellos rubios, sus ojos brillantes- transidos por la emoción- el verbo en torrentera y fácil para que erice los vellos del pueblo ignorante, Susana se queja de lo mal que estamos, echando balones fuera para que los peperos los recojan.
Lo más triste es que nunca dice cómo lo piensa hacer. Cómo piensa sacarnos del lado oscuro y suprimir o enmendar las calamidades que son consecuencias de sus décadas de desgobierno. Pesarosa letanía la suya que se pierde, lánguida por las esquinitas del feudo andaluz, tan lleno de belleza como de parados. Qué me encantaría, de verdad, cantar a los 4 vientos, lo contrario.

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