Un episodio de Ubrique en el siglo XIX en defensa de los servicios públicos, un ejemplo del pasado frente a la política privatizadora del Gobierno actual

Rúbricas de los capitulares de Ubrique de 1843 (AHMU).

Rúbricas de los capitulares de Ubrique de 1843 (AHMU).

LOS DERECHOS SOCIALES NO SE PRIVATIZAN
Juan Mateo García
Licenciado en Historia

Está de plena actualidad las medidas o políticas de austeridad impuestas por el Gobierno central contra la crisis que estamos viviendo. Leyes y decretos que privatizan servicios y derechos sociales como son la sanidad, la educación, los servicios sociales… En suma política neoliberal y conservadora del gobierno del PP que intenta desmantelar el Estado del Bienestar (Welfare State) y los derechos sociales que son a la vez universales y que vienen en la propia Constitución. Políticas de recortes, de reformas como las llaman ellos y que vienen auspiciadas desde Bruselas en contra de las beneficiosas políticas de crecimiento y que cimientan lo público como la manera más idónea para que los individuos de este país puedan tener acceso a los servicios públicos esenciales y que tanto han costado construir.
Con las leyes, como por ejemplo la de régimen local y los recortes que se pueden implantar, se pueden perder puestos de trabajo público que hace que el derecho al trabajo no sea para ellos una obviedad. Las privatizaciones de los servicios sociales están haciendo que los ciudadanos se sientan indefensos ante tanto atropello y las municipalidades que los apoyan pierdan derechos y libertades.

La ley de revalorización de pensiones; otra forma de privatizar el sistema de pensiones y que hace que los pensionistas pierdan poder adquisitivo y se vea un horizonte lejano antes de conseguir un sistema justo y equilibrado.
En fin, una serie de derechos, libertades y servicios que interesa por el bien común conservar y que se están desmantelando por el Gobierno del PP y de aquellas instituciones en que gobierna.
A colación con lo que acabo de argumentar y desde el punto de vista de la investigación histórica, ya en el siglo XIX, en el último período o etapa de la Regencia de Espartero en Ubrique (1843), hubo una solicitud de un vecino de Benaocaz, Juan Mateos Álvarez, que quiso explotar los baños medicinales del Colmenar y Hedionda en el término de Fátima. La Comisión de seguimiento del Ayuntamiento de Ubrique en su examen al memorial del citado vecino y que éste dirigió a los ayuntamientos de las cuatro villas hermanas de esta Serranía (Villaluenga, Grazalema, Benaocaz y Ubrique), argumenta que la propuesta le causaría al común de los vecinos un agravio y que esta aguas siempre han sido gratuitas no sólo para los vecinos de esta serranía sino para los forasteros que siempre han disfrutado de éstas para sus dolencias y achaques.
Según la tradición, desde el año 1608 data el descubrimiento del manantial. “Por la miseria de aquellos tiempos” estuvo en abandono por espacio de un siglo y posteriormente aunque se ignore la época se fabricaron dos estanque o baños, para uno y otro sexo. Así continuaron por mucho tiempo, aunque posteriormente casi olvidados, se recompusieron para esta villa en el año 1819. Desde esta fecha se han reformado los baños y los moradores de estos pueblos han gozado gratuitamente de estas aguas.
La comisión se pregunta: “¿Y será justo que por favorecer sólo el interés particular del recurrente, enajenen a los vecinos de las villas, propiedad tan beneficiosa, y huirían de mendigar y comprar lo que les corresponde? ¡No!”.
Por otra parte, los componentes de la Comisión también se preguntan: “¿Quién puede concebir sin horror la idea de que unos baños sean propiedad de un particular y que venga éste en su codicia, con lo que la naturaleza pródiga ofrece para el común remedio y consuelo universal?”.
Así pues, la Comisión no accedió a la solicitud del particular y remitió el expediente a los ayuntamientos de las otras tres villas para que notificasen sus acuerdos y pudiera fallar la Diputación Provincial.
¿Qué les parece? Ya en pleno siglo XIX, los derechos sociales se convirtieron en propiedad pública. Extrapolando los acontecimientos históricos a la etapa que nos ha tocado por vivir, hay que preservar cómo se hizo en el pretérito el interés público, lo público, para que los ciudadanos puedan disfrutar del bien común que nos interesa en estos momentos tan difíciles y que tanto sacrificio nos ha costado a todos edificar.