Viaje al Kurdistán Norte, por Jesús Francisco Román García

22 de Agosto de 2012. Analizando Mus
Mus es una de las provincias más interiores de Turquía, país heterogéneo por obligación ya que mide casi 2000km de una punta a otra. Con una población de poco más de 70.000 habitantes y origen armenio (siglo VI) es una ciudad habitada por turcos y kurdos. Sin embargo el poder político lo ostenta el AKP. Mus se encuentra en pleno corazón del Kurdistán Norte. A 300km de Armenia, a 250 de Irán, a 200 de Siria y a 250km de Iraq.
Turquía es una región de dos caras. Esta realidad dual se hace más patente en lo social ya que entre el sureste del país y la parte oeste hay una diferencia casi de 200 puntos en la escala del Índice de Desarrollo Humano. De hecho mientras que en Estambul, Ankara o Izmir el nivel de vida sería el equivalente a cualquier país del núcleo rico de la Unión Europea, la provincia de Mus tendría un IDH inferior a Uzbekistán, Botsuana, Moldavia, Kirguizistán o los territorios Palestinos. De hecho estaría entre Tayikistán y Vietnam. Probablemente este carácter dual en lo económico y en lo cultural sea la razón de la esquizofrenia política del país en su parte este.

Barrio de Eminönü.

Día 23 de Agosto de 2012. Empieza el viaje hasta Istanbul
El día era caluroso y no tenía la menor idea de lo que me encontraría en el Kurdistán norte. El horizonte se recortaba como una figura de cartón y el paisaje se difuminaba con la niebla que cubría los llanos próximos a Arcos de la frontera. Mientras viajaba en coche hasta Jerez las nubes de polvo, gregarias, se arremolinaban como vórtices emborronando el paisaje. Pronto cogimos el tren hasta Sevilla, tuvimos conversaciones cortas sobre experiencias en otros viajes, aún no conocía a mis compañeros de viaje.
En Sevilla apenas media hora para cambiar de tren, llevábamos una sincronización bastante buena. En Madrid kilómetros de terminales nos esperaban. La terminal, una obra de ingeniería, una máquina perfecta, un espacio tecnológico y casi futurista en el que deslizarse a toda velocidad en busca del portal correcto. Mientras mirábamos las pantallas bromeábamos con embarcar hacia Noumkchott, Luanda, La Habana o Malabo. Sabíamos de sobra dónde íbamos.
Desde la ventanilla del avión sólo se veía un mar de nubes. Pequeños vástagos de vapor de agua se separaban de las largas lenguas que pintaban el cielo como si de un Polock se tratase. Aún quedaban 3 horas para llegar a Istanbul y navegábamos lentamente por encima de las nubes, nosotros íbamos en la proa y la nave se balancea a ratos de izquierda a derecha con toda la naturalidad posible.
Mientras volábamos sobre Grecia, una miríada de pequeñas constelaciones de luces brillaba allí abajo tímidamente. Su color amarillento y apagado da que pensar sobre la situación del país.
En el aeropuerto de Istanbul ninguna señal de civilización otomana a parte de las insignias de Turkish airline. Poco a poco se empezaban a ver detalles: trazos de antiguas murallas, el Bósforo, el mar negro, oriente y occidente abrazándose…
Una vez nos bajamos del autobús que nos llevó desde el aeropuerto de Atatürk (allí todo se llama así, el creador de la patria laica turca es probablemente, el personaje que más referencias tiene en lengua turca). La plaza Taksim, donde tenemos el hostal es un hervidero de actividad, la gente se abarrota en los escalones con latas de bebidas, charlan con pasividad sentados en mesas frente a una taza de té, da igual que sea la una de la madrugada, jóvenes y mayores toman Çay (té) hablando tranquilamente. La gente muestra síntomas de embriaguez aun siendo el alcohol un jugo prohibido en su religión. La proporción de hombres con respecto a mujeres en la calle es desproporcionada. Las abarrotadas calles de Taksim están llenas de jóvenes cosmopolitas venidos de todo el mundo en busca de la exótica Istanbul. Las viviendas, las discotecas, los bares de copas y los restaurantes se amontonan unos encima de otros en las estrechas calles abarrotadas de gente con prisa, mesas y borrachos, los neones y la música parece no acabar nunca en estas calles.

Taksim de madrugada

Entramos en un bloque de viviendas, después de subir a una cuarta planta por un ascensor antiquísimo y subir 2 escaleras de caracol angostas llegamos al Araf, un bar de copas en la buhardilla de un bloque de viviendas en una perpendicular a Istilklak. Bebemos cerveza, a 7€ el litro, desde allí se ve el perfil de la ciudad, rascacielos y mezquitas iluminadas en la noche.
La primera noche en Istanbul fue un infierno, los mosquitos se cebaron conmigo, con una temperatura de 29ºC y una humedad del 60% las sábanas se pegaban a mi cuerpo como serpientes, el ruido en la calle era insoportable y la música, los coches y la gente gritando me despertaban a saltos.

Skyline Istanbul

Día 24 de Agosto de 2012. Volamos hacia Muș
Nos levantamos temprano y descubrimos qué era el desayuno en Turquía, tomates y pepinos frescos cortados a rodajas, huevos duros y pan con queso, mantequilla y mermelada. Mucho té y poca leche para acompañar, con el tiempo nos acostumbraríamos a esto.
El viaje en autobús al aeropuerto se hizo corto, de nuevo los restos de murallas y las mezquitas silenciosas se erguían sobre el skyline de la ciudad. A ratos, campos de fútbol y edificios ruinosos se nos cruzaban al paso, neones de sex shops y enormes carteles de publicidad. Istanbul es una mezcla de espacio público inglés con edificios ruinosos portugueses y una caricatura de los neones de Las Vegas.
Al llegar a la terminal del aeropuerto de Atatürk de vuelos domésticos empezamos a oler a Turquía, la ropa era una señal de identidad de este pueblo, si ellas llevaban el niqab o el velo, ahora bastante más común que en las calles de Taksim donde casi nadie respetaba las normas islámicas, aquí, excepto las mujeres policías o de seguridad todas las acataban. Los hombres iban con ropas que parecían sacadas de almacenes antiguos y nunca con pantalones cortos, eso era algo de críos. De hecho, mientras menos se viera, mejor.
Al montarme en el avión tuve mi primer contacto con una ciudadana de Muș, una mujer que iba con su hija, un bebé increíblemente hinchado. Nada más llegar, sin preguntarme si quiera me colocó el bebé encima mientras se abrochaba el cinturón y se ponía bien las ropas y el equipaje, debí parecerle buena persona o próximo a su cultura por mi tono de piel. Aunque no sabía nada de inglés pasamos el viaje intercambiando señas y gestos amables, incluso le expliqué por señas que el iPod que llevaba mi compañero de delante no era un móvil y que podía estar encendido en pleno vuelo sin que nos causara daño. Ella la primera vez que lo vio casi se le sale el corazón por la boca del susto.
Al llegar al aeropuerto un helicóptero del ejército esperaba al avión, no nos permitieron sacar fotos de nada, ni de la pista, ni del aeropuerto, ni del helicóptero, el paisaje era típico de Afganistán, inmensas llanuras horizontales desérticas con árboles solitarios e inmensas montañas con picos nevados la mayor parte del año. Estas montañas custodiaban el aeropuerto, de hecho tanto este como Muș se encontraban en un valle prácticamente horizontal protegido por estas montañas. Aquí en invierno nieva bastante, el último año llegó a 2 metros de nieve.

Mus.

A escasos minutos de descender del avión todas las mujeres llevaban velo y muchas de ellas niqab. Excepto las extranjeras y las niñas, ellas podían salvarse de esto. Al principio todos pensamos que sería una cultura autoritaria con nosotros, con el tiempo empezamos a aprender, que al menos para los extranjeros este autoritarismo no existía fuera de las mezquitas. Las mujeres de un equipo de tiro con arco a caballo llegado de Istanbul también se libraban del velo, de hecho hasta ellas llevaban camiseta de manga corta en Muș, se notaba que eran gente progresista.
Algo nos dejó perplejos en el aeropuerto, entre el equipaje, venían botellas de 16 litros llenas de agua con inscripciones en rojo, no sabíamos de dónde venían, pero la gente las recogía ansiosos. Más tarde nos enteramos de que Muș era famosa por tener manantiales naturales de agua potable, lo que nos dejó aún más perplejos de porqué esta gente traía esa agua en botellas en un avión desde Istanbul.
Nada más llegar nos hicieron una foto de grupo y nos metieron a toda prisa en coches. Volamos por las carreteras inmensamente largas y rectas que llevaban a Muș. La música, tradicional y a un volumen ensordecedor resaltaba más el estereotipo árabe que teníamos en nuestra cabeza antes de llegar allí. Por la carretera, junto a grandes naves industriales destacaban las pequeñas mezquitas con sus minaretes, llamándonos a la oración. Gasolineras y puestos ambulantes de sandías salpicaban el paisaje. La gasolina estaba próxima a la lira turca, lo que aquí es poco más de 50 céntimos el litro. La conducción por el carril izquierdo, en carreteras de doble sentido y con líneas continuas es común, rápidos giros y acelerones también nos sorprendieron la primera vez que nos montamos, después ser harían algo normal y se suavizarían, probablemente nos querrían impresionar el primer día con un ritmo desenfrenado.

Mus.

Cuando llegamos al hotel repartieron las habitaciones, después de dejar el equipaje dimos una vuelta con Reet y Birgit, dos estonias de nacimiento aunque la segunda estudiara historia en Málaga y hablara un castellano excelente. La gente estaba rebotada, nos echaban miradas acosadoras por ser extranjeros aunque se centraban más en ellas que en nosotros, claramente no estaban acostumbrados a este tipo de cosas. Paseando llegamos al cuartel del ejército, detrás de sacos terreros, unos búnkeres de madera y unas alambradas se veían salir pequeños ojos bajo unos cascos verdes, soldados con rifles automáticos de pie hacían guardia junto a la entrada, hicimos como que no habíamos visto nada y pasamos de largo, era la calle principal de la ciudad por donde paseábamos ya que Reet buscaba una falda que comprarse para estar en Muș.
Al fin nos sentamos en un bar, nos tomamos soda de limón, limonada y zumos de naranja a un precio ridículo, la botella de agua de medio litro valía menos de 25 céntimos.
Fuimos a cenar kebab, lo que sería nuestra comida y cena los próximos 7 días. Alguien preguntó qué decían los cánticos a la oración que se escuchaban desde los minaretes, que llamaban 5 veces al día a la oración. Entre risas y cachondeo nos explicaron que eran versos árabes del Corán, pequeños fragmentos. Uno de ellos nos lo recitó entre risas propias y del resto, no parecían, hablando entre ellos, que fueran los fanáticos religiosos que a menudo nos presentan los telediarios.
Después de cenar volamos de nuevo, 8 en un turismo, 3 delante y 5 detrás, sólo faltaba alguien en el maletero a 90km/h por calles angostas y con poca visibilidad, de hecho después descubrimos que nos habían dado un rodeo para hacer esto a posta, los acelerones y los frenazos nos llenaban las venas de adrenalina.
Eran comunes las cascadas de té en Muș. Eran las 12 y media de la noche y en un parque repleto de patos (a los que les echaban azucarillos para divertirse) y conejos que se dejaban coger nos servían té. A la vuelta nos explicaron que muchas tiendas en Muș permanecen abiertas las 24 horas del día, fruterías, peluquerías, tiendas de alcohol, bares, etc.

Día 25 de Agosto de 2012. El primer día en Muș
A las 5 de la mañana empieza a amanecer aquí. La franja horaria es un poco rara, a eso de las 6 de la tarde ya empieza a ser de noche. Pronto empiezan a oírse los ruidos de la ciudad, las obras, los coches y el tránsito de gente gritando en las aceras se hace notar. Sin embargo hoy he dormido del tirón, son mis compañeros los que me hacen saber las quejas sobre los ruidos, una vez despierto, la contaminación acústica es evidente.
Los trabajos de obras son cuanto menos precarios, en Istanbul las obras de construcción no paran en las 24 horas del día los 7 días a la semana, en Muș al menos es de las pocas cosas que paran de noche. Hoy hemos visto a un operario descargar carretillas de manos elevadas por grúa desde una 6ª planta sin arnés y sin barandillas. No existen las barandillas en las construcciones ni los arneses, por lo visto, dada la fugacidad y rapidez de las obras y para acelerar los procesos, no las ponen.

Hoy hemos conocido a los integrantes de los otros grupos, Rumanía, Estonia y Turquía y hemos jugado para quitarnos la vergüenza de encima. Ahora descansamos en la habitación.
La llamada a la oración no se escucha desde nuestra habitación, pero si andas por las calles sí que se hace evidente a ciertas horas. Grupos de personas segregadas por sexos caminan por las aceras. Los hombres por el lado de la sombra, las mujeres con velo o niqab y con los niños por el lado del sol, además van en direcciones diferentes.
No tenía ni idea de que esa tarde de sábado vería la auténtica Muș, hicieron una especie de gymkana para conocer la ciudad. Comenzamos a andar calle abajo, íbamos Oana y Anne (rumanas), Mart (de Estonia) y yo. Un chico de apenas 8 años sucio de abajo a arriba y con unas gruesas gafas de pasta vendía carbón al peso con herramientas rudimentarias, más abajo esto se hizo algo normal, los chicos vivían cerca de la ciudad en casas de campo y vendían tabaco ilegal, maíz, leña, limpiando zapatos o algunos incluso tenían un peso para pesar a la gente a cambio de una lira turca. Extrañamente el niño de las gafas de pasta que vendía carbón era de los que mejor inglés tenía en la ciudad, pero no debía pararme a hablar con él.
Llegó el momento en el que tuvimos que hacernos una foto al lado de la entrada del cuartel local del ejército. La tensión se podía cortar con un cuchillo, ellos nos hablaban desde lejos en turco y con sus ametralladoras al hombro, nosotros hacíamos como que no oíamos nada. Al final nos fuimos de allí, no se acercaron para saber qué estábamos haciendo.

Blindado.

Tuvimos que ir a un estadio alejado, vimos pequeños fragmentos del Muș escondido detrás de la avenida principal: las mezquitas entre los edificios altos, un estadio que parecía un patatal en su interior y que llevaría años sin usarse. Inmensos espacios al aire libre con mesas entre árboles llenas de hombres que bebían té y jugaban a juegos de mesa y que se quedaban perplejos al vernos por allí. Las damas turcas, el dominó y las cartas son los juegos preferidos, nunca se ve una mujer en los bares. También pudimos ver a un hombre haciendo la masa de pan de un kebab, bastante fácil.
Tuvimos que ir también a una mezquita en bus, la puerta permaneció abierta todo el camino, era mejor dejarla abierta incluso cuando el bus se movía, al fin y al cabo habría que abrirla en la siguiente parada. Hice todo el viaje junto a la puerta porque no entraban más personas en el minibus. Como las mezquitas en Muș, al estar más alta más antigua era, tuvimos que subir casi hasta arriba del todo, aunque no fuimos a la más antigua de todas. Tuvimos que descalzarnos al entrar y las chicas cubrirse la cabeza, era Yemi Camii, de 1977. Pudimos ver cómo 10 ó 12 hombres rezaban junto con el imán de esa mezquita. Dicen que las oraciones repartidas en 5 veces al día son el ejercicio mínimo que se exige para que el cuerpo siga en forma toda la vida.
Al volver vimos a un hombre montando una silla de oficina en una moto, un camión llegó detrás mientras la amarraba a toda prisa, la moto calló al suelo en marcha, el camión se montó encima de una pila de armaduras metálicas de una obra cercana para pasar, todo era un caos. Mientras, chavales en carrozas tirados por burros pasaban junto a nosotros mirándonos perplejos, todo en un segundo. Al terminar la gymkana fuimos los segundos de cuatro grupos.
Luego fuimos a cenar, bajé desde la primera planta para lavarme las manos y encontré al dueño del local lavándose los pies en el lavabo. Luego me dijeron que quizás serían las abluciones de la oración, desde aquel día miré aquel lavabo de otra forma.
Por la noche hicimos la noche cultural española, lo que más gustó fueron unos barquillos de turrón y chocolate y el rebujito que hicimos de manera improvisada con un “Seven up” local, una botella de hielo congelada y una jarra para limpiar el váter nueva que compramos en una tienda de todo a 100 turca. Aquí la gente no utiliza papel en el váter, sino que se limpia con la mano y luego se la lava, es duro ir a comer todos los días al restaurante sabiendo esto. Dimos banderas de España como pulseras aunque ninguno de nosotros estuviera especialmente por la causa. Los turcos probaron tanto el rebujito como la Cream que llevábamos, pero no hicieron lo mismo con el fuet y el jamón serrano. Cuando fuimos a cenar e hicimos balance de la situación vi pasar a un blindado por la calle, le cogí la ruta, pasaba cada 7 minutos más o menos, despacio para arriba y rápido para abajo.

Día 26 de Agosto de 2012. Aprendiendo un poco de turco y kurdo
Jesús me ayudó con las palabras en turco, mientras que Ahmet me ayudó con las kurdas.

Español

Turco

Kurdo

Hola

Maraba

Gracias

Tesche Küle

Sipas tikim

Adiós

Güle güle

Ogerbe

Euet

Ere

No

Yok

Tenne

Agua

Su

Av

Para/r

Dur

Beseken

Mezquita

Yamilii

Camii

Vale

Taman

Vele

Esta mañana volvimos a jugar para dejar la timidez en nuestros respectivos países de origen, algunos como la mayoría de los estonios la llevarían consigo hasta el último día, dicen que son personas de pocas palabras, más ellos que ellas. Nos contaron una anécdota sobre lo poco que hablan los estonios y es que es típico que en un matrimonio no se digan ni siquiera “te quiero” el uno al otro y cuando una mujer le recrimina a su marido que se lo diga más a menudo este le dice “te lo dije una vez en el altar, cuando cambie de opinión te lo haré saber”.
Nos hicieron un recorrido para conocer Muș. Nezir nos hizo una visita a las mezquitas, estaba allí el imán y nos dejó entrar en el minarete, aunque posee una escalera increíblemente angosta no se utiliza, lo que hay en su interior es un equipo de sonido para proyectas las llamadas a la oración desde abajo. Me impresionó que las cubiertas de muchas casas tuvieran los negativos sobresaliendo para el día que fuera necesario echarle otra planta más, hasta el día de hoy siguen así, sólo con hormigón, las humedades y el calor y el frío que deben pasar en las épocas extremas debe ser terrible. Además las que tienen tejado es una simple chapa encima de una cubierta de madera, parece increíble que hasta los edificios nuevos tengan cubierta de chapa.

Mezquita de Süleymaniye.

Nos dieron una vuelta por las afueras de Muș, era desolador, niños cubiertos de suciedad jugaban en descampados con bastantes desperdicios, logré grabar un video perfecto de una mezquita llamando a la oración mientras un carro con un niño montado encima tirado por otro niño pasaban la calle, seguido muy de cerca por un antiguo coche desvencijado. Los niños de por aquí sólo saben decir “Hello” y “Money”.
Después de comer fuimos a jugar al baloncesto sobre ruedas, en realidad no sabíamos que íbamos a jugar en sillas de ruedas, fue todo una sorpresa y una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Allí conocí a Ahmet, juega en la liga nacional de baloncesto y en la selección paraolímpica de Turquía, nos cuenta que en la misma hay 7 kurdos y 5 turcos, sin embargo la insignia es la bandera roja con la media luna y la estrella. En ese partido yo caí en su equipo, quedamos 6 a 6, yo metí 4 puntos, todos se quedaron boquiabiertos, incluso yo mismo. Luego cambiamos de jugadores para amenizar el partido, al final mi equipo perdió 12-8.

Baloncesto sobre ruedas.

Después jugamos un rato sin sillas en un partido muy desequilibrado, quedamos 18-4, yo metí sólo 3 canastas pero saqué 3 asistencias.
Después de ducharnos nos querían enseñar a jugar al dominó turco pero en vez de eso nos invitaron a un té, a Jesús, Carmelo, Santi y a mí. Maite no quiso venir ya que para poder venir tenía que convencer a otra chica ya que solas no pueden ir a los bares y no estuvo por la labor de hablar con ninguna otra chica. Los turcos hicieron bromas sobre el camarero y este a su vez llamó homosexuales a algunos de la mesa, todos nos partimos de risa.
Por la noche, en la cena, Nezir le hizo un masaje a todos los españoles menos a Maite, le daba reparo tocar a una mujer. No sé qué fijación tienen los turcos con los españoles, se ve que les caemos bien y somos los que más comunicación tenemos con ellos, somos sus preferidos aunque no hablemos su idioma y nos tengamos que comunicar por señas. Nos reímos más con los turcos que con los estonios o rumanos y eso que nos podemos comunicar sin ningún problema a través del inglés.
Antes de cenar nos llevaron a una boda kurda, al entrar vimos la segregación, a la derecha las mujeres y los niños, a la izquierda los hombres. Nos sirvieron agua, zumo, tarta y pasteles y de repente todos empezamos a bailar la tradicional danza turca, niños y hombres se arremolinaban en espiral en medio de la sala bailando durante largo rato, acabamos empapados en sudor. A la vuelta hicimos una fiesta en la furgoneta en la que íbamos, 14 personas bailando con la música a todo volumen, Nezir nos enseñó a hacer de cada viaje una fiesta.

Boda kurda.

Día 27 de Agosto de 2012. Primer día de camping
Hoy hemos ido a ver al alcalde de Muș, es del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, liberal en lo económico, conservador en lo social y religioso y nacionalista turco). Es la persona más política que he conocido. El ayuntamiento estaba calle arriba, cerca del cuartel de la policía. Sólo dijo cosas bonitas, nos enteramos, entre otras cosas de que la principal actividad de Muș es la plantación de café, los pequeños talleres familiares y el desempleo. A la pregunta sobre si el ayuntamiento ayudaba a las familiar numerosas dijo que les daban 50 liras turcas al mes por hijo, lo cual suena un poco fantasioso. A la de si las mujeres participaban en la vida política dijo con bastante contundencia que ya gobernaban en algunas ciudades, lo cual nos dejó una sensación rala por lo poco creíble. Al final, Santiago le preguntó sobre la cuestión kurda y no dijo nada, se fue por las ramas para decir cosas bonitas que nadie quería escuchar. Jesús lo dejó en ridículo cuando le preguntó algo en francés (lengua que aparte de la turca era la única que según el alcalde podía hablar) y no supo ni entender la pregunta ni responder. Después debíamos comer con él, pero no llegó al almuerzo.

Después fuimos a una casa de niños abandonados, tenían entre 8 y 18 años y estuvimos hablando por señas y con un traductor con ellos. Uno de ellos tenía 13 años, el otro 18. Nos contaron que después de salir de ahí, irían a la escuela, luego a la universidad y si pasaban todo eso irían a parar al ejército, donde les esperaba “un buen trabajo bien pagado”, no quisimos preguntar qué significaba eso. No nos cogieron cariño, parecían extasiados por ver a gente muy parecida a la que veían en su televisión o en las revistas, gente que en Muș no veían a menudo.
Recogimos las cosas y nos fuimos al camping, de camino hicimos otra fiesta con Nezir en la furgoneta de Ibrahim. Montamos las cinco tiendas de la media luna roja turca y les preguntamos a los estonios si querrían compartir tienda con nosotros.

Donación de sangre.

El camping estaba entre una escuela abandonada que estaban rehabilitando, una mezquita, un descampado y una fábrica azucarera. Por la noche hicieron una inmensa hoguera, lo cual sería impensable en España y que mantuvieron encendida hasta el alba.
Por la noche conocí bien a Ahmet, es un gran tipo, estuvimos hablando sobre la cuestión kurda y sobre la guerra civil española, me llamó “kanka”, algo así como amigo y desde aquella noche probablemente se comportaría como tal. Estuvo en las olimpiadas de Beijing y quedó 2º con su selección en los mundiales de Beijing donde ganó España el primer puesto. En septiembre irá a las paraolímpicas de Londres con el equipo nacional, ahora dice que quedarán cuartos o quintos. Me preguntó bastante por el País vasco y Cataluña y le interesaba mucho la figura del Che Guevara, los idiomas y pareció especialmente encantado con el euskera. También hablamos sobre socialismo, la familia y los amigos. Nos acostamos sobre las tres.
Preguntando junto a la hoguera me enteré de que la mitad de la población del Kurdistán Norte se siente kurda y de que hablan de Atatürk (el padre de la patria turca) como de Franco, por lo visto bombardeó los pueblos kurdos hasta la saciedad. La mayoría de los kurdos se consideran socialistas.
Antes de acostarnos pudimos ver pasar unas pocas de veces a unos cuantos hombres armados con rifles patrullando la zona.

Día 28 de Agosto de 2012. Segundo día de camping
La noche fue larga, nos acostamos tarde y dormir sobre una pila de cartones duros con una fina manta en un sitio de montaña se hace duro. Los ruidos nos levantaban a ratos ya que rompían las ventanas de la escuela para tirar los marcos de las mismas a la hoguera y mantener el fuego. En mitad de la noche algunos entraron en las tiendas para pintarnos la cara, la que vino a mí se llevó un gran susto porque la oí entrar y me hice el dormido mientras me empezaba a pintar la cara, se cayó de culo del susto. Al día siguiente estábamos destrozados después de habernos tenido que acostar vestidos y sin duchar estábamos muertos de frío y de cansancio. Al menos yo tenía un par de calcetines. Además de las 5 en adelante entraba mucha claridad a la tienda, al menos no hacía tanto frío como de madrugada. A las 9 no se podía estar en la tienda del calor que hacía.
Esa mañana nos dieron una charla sobre qué hacer en casos de desastres naturales. Fuimos al edificio de la media luna roja y el presidente de la asociación en Muș nos dio una charla, nosotros le saqueamos la bandeja de los dulces. Hemos aparecido dos días consecutivos en los diarios locales, en la última hoja y en la primera, y aún apareceríamos otra más al día siguiente. Después fuimos a comer.
Por la tarde repartimos panfletos a favor de una campaña de donación de sangre. “Maraba, yarim Atatürk Park” (“Hola, mañana en el parque Atatürk”) era lo que debíamos decir antes de dar el folleto, muchos pasaban y no cogían el panfleto, después, cuando empezaron a grabar las cámaras de la televisión nacional turca casi todos lo cogían intrigados por lo que estuviéramos haciendo allí. Al día siguiente saldríamos en televisión nacional repartiendo los folletos de 3 a 4 de la tarde, no nos pudimos ver porque estábamos repartiendo panfletos de nuevo.
Después nos enseñaron unos primeros auxilios excesivamente básicos e hicieron una barbacoa para cenar. Hamburguesas de ternera y alas de pollo, todo muy sabroso. Después Nezir fue a por cerveza a Muș, aquí no era tan caro como en Istanbul, a casi 4€ el litro de cerveza Efes, que es la marca nacional. La noche anterior casi todos se quedaron a dormir junto a la hoguera, hoy nadie lo hizo, se dormía demasiado mal o quizás la hoguera hoy estuviera más lejos. Después de comer Ahmet nos invitó a ir a tomar té con él y sus amigos al parque, rechazamos la invitación, el té tan tarde no nos sentaba bien. De madrugada un turco que no habíamos visto nunca y que iba desfasado por la cerveza intentó entrar en la tienda de los rumanos, fue echado de allí entre gritos.
Estuvimos toda la noche hablando con Ana, la portuguesa, ella intentaba hablar en español, nosotros en portugués, nos entendíamos de maravilla. Esa noche Oana, la chica que entró en nuestra tienda a pintarnos la cara no pudo dormir, estuvimos haciéndole perrerías hasta las 4 de la madrugada que nos acostamos, ella intentaba dormir desde las 11. Yo me quedé dormido bajo el raso debido a la cerveza, me despertaron para que me metiera en la tienda. La noche pasó rápida, y esta vez no me desperté en toda la noche, dormí como un bebé.

Día 29 de Agosto de 2012. Volvemos al hotel
Hoy hemos desmontado el campamento, lo hicimos muy rápido, no sé si por las ganas de volver al hotel o porque realmente aún conservábamos fuerzas para ello, estábamos destrozados, ahora sentimos en nuestras propias carnes lo que es vivir en un campamento de refugiados ya sea por guerras o por desastres naturales (hoy, 3 de septiembre de 2012 he visto en la web de Aljazeera un campamento de refugiados sirios en territorio turco, los que están instalados en la frontera mientras dura el conflicto con Al Assad, eran exactamente las mismas tiendas que nosotros teníamos pero era un manto infinito de las mismas, en cada una de ellas caben hasta 10 personas, no me imagino lo que debe ser vivir ahí durante meses o años).

Vigilancia el día de la patria turca.

Vigilancia el día de la patria turca.

Después de dos días sin tocar el agua una ducha no tiene precio. Nos sentíamos como nuevos. Nos tiramos en la cama a descansar un rato.
Después de comer repartimos de nuevo folletos a favor de la donación de sangre que sería esa tarde. Los chicos íbamos a por las chicas que no llevaban velo, las más progresistas aunque fuesen pocas, las chicas iban a por los chicos que tomaban té en la mitad sur del parque, incluso aquí en el parque la segregación por sexos era normal. Nos comentaron que normalmente en un día normal de donación de sangre la media luna roja suele recibir 12 visitas, hoy llegó a más 45 gracias a nosotros, íbamos mesa por mesa y parábamos a la gente en la calle con un eslogan que no recuerdo en turco pero que decía algo así como “Por favor, done sangre en el parque Atatürk”.

Barrio de Eminönü.

Después cenamos y Ahmet me invitó a hablar un rato en la calle con él y con sus amigos. Después fuimos a la radio local, a Andreas (estonio), a Jesús y a Milda (la organizadora lituana) los entrevistaron. Por lo visto se llama efecto multiplicador, debíamos de salir en todos los medios de información posibles: las televisiones, periódicos y radios locales y nacionales.

Grupo en la radio local.

Grupo en la radio local.

Al volver vi al blindado aparcado en una esquina, todos me dijeron que le echara una foto pero me negué, Jesús se la hizo, el hombre que estaba en la torreta del blindado, a la ametralladora, nos hizo ademán de que nos acercáramos, cuando vi que Nezir se acercaba lentamente yo también lo hice detrás de él, el hombre se bajó del blindado, sacó su G5 y me dijo que se haría una foto conmigo, yo encantado. Cuando me echaron la foto pude volver a respirar. Nezir me dijo que aquel era un buen policía, buena gente, luego me cogió del brazo (señal de que me consideraba un amigo) y seguimos juntos calle abajo.

El susto del blindado.

Al llegar al hotel me dijeron que sería la noche turca y que se jugaba el Real Madrid-Barcelona, fui a comprar cerveza solo, pasé totalmente desapercibido supongo que por mi tono de piel, mis pantalones cortos por encima de la rodilla no pasarían tan desapercibido, pero nadie me dijo nada ni me miró mal.
En la noche cultural turca repartieron un anís especial que es tan fuerte que hay que mezclar con agua al cincuenta por ciento y aun así sigue siendo fuerte, se llama Raki. También había bastantes Baklavas (dulce típico turco) y nos enseñaron (aunque ya la habíamos aprendido en la boda) la danza turca. Ahmet vino con sus amigos, en el concurso de preguntas sobre Turquía él me ayudo, me dijo el número de ciudades que tiene Turquía, 81, eso hizo que todos se quedaran boquiabiertos porque evidentemente nadie tenía ni idea de cuántas eran y yo lo adiviné a la primera. Incluso me preguntaron si me lo habían dicho, evidentemente me hice el indignado y respondí que quién me lo podría haber dicho. Es lo bueno de tener amigos turcos. Me regalaron una bandera turca, cuando Ahmet la vio noté que no estaba cómodo del todo, le dije que yo hubiera preferido una amarilla, roja y verde (los colores kurdos). Lo invité a una cerveza mientras veíamos la final que ganó el Madrid. Al final, las estonias y los españoles, tuvimos que terminar el partido en nuestra habitación, porque el dueño del hotel empezó a gritar y a moverse de un lado para otro en mitad del partido, los organizadores intentaron convencerlo pero no hubo manera de hacerlo. Santiago y yo nos quedamos hablando hasta las 3 y pico de la madrugada.
Esa noche Ahmet y sus amigos nos preguntaron sobre Juan Manuel Sánchez Gordillo y sobre Marinaleda, parece mentira hasta dónde pueden llegar las noticias. Se mostraron bastante a favor de sus planteamientos políticos.

Día 30 de Agosto de 2012. El lago de Tatvan
Nos despertamos fatal, habíamos dormido poquísimo los últimos días y además habíamos bebido alcohol la noche anterior. La idea era ir al lago de Tatvan, una ciudad cercana más grande que Muș. Fuimos en un minibús jugando a las cartas sobre una mesa improvisada sobre un pequeño taburete Ana la portuguesa, los dos estonios, Maite y yo. Tardamos unas 2 horas en llegar al lago. Nos explicaron que Tatvan tenía bastante actividad del PKK, las ciudades, mientras más se acercaban a la frontera siria e iraquí más actividad tenían: Diyarbakir, Batman, Gaziantep, Adiyaman, Urfa, Van… Por la tele se podían ver los disturbios de los seguidores del PKK y las batallas campales en ciudades cercanas.

Cartas en el bus.

Fuimos al lago a bañarnos, no nos imaginábamos que habría tanta basura, el gobierno no permite papeleras ni contenedores en los espacios públicos por los posibles atentados con bombas, lo cual hace que todo esté lleno de basura, incluso no pudimos siquiera llevarnos la basura que habíamos metido en bolsas azules de vuelta, los mismos turcos nos indicaron dónde dejarla para que la recogieran. El agua del lago parecía aceite, se te pegaba a la piel y notabas una cierta viscosidad, era bastante raro bañarse allí, además había trozos de bolsas de plásticos y trozos de poliestireno expandido navegando a la deriva, la gente los usaba para navegar sobre ellos. No podíamos ver los límites del lago, era tan grande que no se percibía la otra orilla, de hecho hay un ferry que lo cruza de lado a lado. Debe tener unos 120km de largo por 60 de ancho.
Lo que más nos gustó aquel día fue darnos cuenta lo felices que eran Ahmet, Ibrahim y los demás, incluso con sus problemas de movilidad se bañaron en el agua y la disfrutaron mucho más que nosotros, que ya estamos acostumbrados a hacerlo.
La vuelta en el autobús fue somnífera, anocheciendo y escuchando música esta vez no pudimos jugar a las cartas, no había mesa sobre la que jugar, ni espacio en el pasillo del bus, habían colocado banquitos para que la gente se sentara y no tuviera que ir de pie.
Después de una ducha tuvimos la cena de despedida en un restaurante bastante bueno, luego nos montaron en los coches y entre pitos, música alta y carriles nos perdimos en medio de la noche. El campo estaba desierto de árboles y sólo se veían arbustos y las lucecitas de Muș a lo lejos. Después de media hora dando vueltas por carriles de arena llegamos al sitio donde se hacía la despedida, bebimos alcohol, comimos frutos secos, algunos bebieron té y jugamos a juegos todos juntos. Después nos llevaron de vuelta al hotel y nos acostamos, era bastante tarde.

Día 31 de Agosto de 2012. La despedida de Muș
Desayunamos en el hotel y mientras esperaba para bajar al lobby alguien me trajo un paquete con una palestina roja, verde y amarilla (los colores kurdos), en el paquete sólo ponía “Secret Friend”. Es uno de los mejores recuerdos que me llevo de Muș
Hicimos la evaluación del curso, rellenamos un pequeño Lamahcun con diferentes datos a puntuar, comida, alojamiento, organización, actividades… la peor puntuación para líder de grupo se la dio Santiago a él mismo bromeando. Antes de partir dimos una vuelta por Muș para comprar tabaco local a 35’5 y a 13,3 € el kilo, ya que lo había de diferentes calidades, los dueños del puesto nos quisieron invitar a té pero no quisimos entretenernos, esta manera de relacionarse a través del té debería ser importada a España, se utiliza para todo. Después fuimos a comprar té para llevarlo a casa y a dar una última vuelta por Muș antes de irnos de allí.
Después de comer rápidamente nos metieron apresuradamente en los coches para ir al aeropuerto, quedaban 50 minutos para que saliera el avión cuando de camino al aeropuerto nos metieron en una especie de recinto cerraron, nos bajaron y nos dijeron que íbamos a visitar una asociación en favor de los derechos de la mujer, no nos lo creíamos, aún teníamos que llegar al aeropuerto, pasar los 2 controles de seguridad, facturar y embarcar y quedaban unos 45 min, además había que hacer la visita, nos dijeron que no había problema, que retrasarían el avión para nosotros. Entramos a toda prisa, saludamos y nos echamos la foto con ellas, poco más, el organizador turco cruzó unas palabras con ellas y rápidamente nos montamos de nuevo en el coche y nos lanzaron para el aeropuerto, íbamos tan rápido y hacíamos unos adelantamientos tan temerarios que casi tenemos dos accidentes, uno adelantando y otro porque el coche de delante paró en un control y casi nos tenemos que salir de la carretera para no estrellarnos con él, evidentemente no podíamos ponernos los cinturones, yo iba sobre la sillita de ruedas de Ibrahim porque no había asientos en la furgoneta. Cuando llegamos al aeropuerto nos enteramos que el avión traía 20 minutos de retraso, al fin y al cabo no íbamos tan mal de tiempo.
Nos despedimos de todos los turcos, de algunos con más sentimiento que de otros y cruzamos la barrera de seguridad que nos separaba de Muș. Nos montamos en el avión y salimos de allí. La despedida fue bastante triste y a algunos se les saltaron las lágrimas.
Llegamos a Istanbul a eso de las 7 de la tarde, a Taksim vía bus a eso de las 20 y media.
Habíamos quedado con las estonias a las 22 cerca de la Mezquita Azul, en una parada de tranvía. Cuando llegamos nos encontramos con ellos allí, además de las hermanas Riin y Reet también venían Andreas y Mart, los estonios, de Kelly nos habíamos despedido en el aeropuerto, se quedaba con los rumanos y Birgit se quitó de en medio nada más pisar Istanbul. Paseamos por la Mezquita Azul y por Haghia Sofía de noche, era maravilloso, luego fuimos a la terraza de un bar en una tercera planta a fumar una pipa de tabaco y manzana mientras bebíamos refrescos y Ayram (yogur).

Mezquita Azul.

Mezquita Azul.

Hagia Sophia.

Después volvimos andando a Taksim, tubimos que subir por el barrio de Pera andando, fue una caminata bastante contundente, yo estaba acostumbrado a las calles de Ubrique, las estonias me dijeron que parecía demasiado feliz subiendo aquella interminable cuesta. Una vez en Istilklak, fuimos a cenar a un bar 24 horas bastante barato y después fuimos de nuevo al Araf a enseñárselo a los estonios, a las 3 y poco nos despedimos de ellos, tenían que coger el bus hasta el aeropuerto, como siempre, la plaza de Taksim era un hervidero de gente arriba y abajo, coches, “taksis” y un ruido infernal. Nos volvimos al hostal a dormir, el día siguiente sería duro, íbamos a ver Istanbul en 24 horas y necesitábamos fuerzas.

Día 1 de Septiembre de 2012. Istanbul
“Hoy vamos a reventar.” Anoté en mi diario esa mañana, no sabía lo cierto que sería aquella frase.
El recorrido fue el siguiente: Bajamos desde Taksim, la zona más comercial de Istanbul por Istilklak hasta la Torre de Galata en el barrio de Pera, desde allí se vigilaba el tránsito tanto por el Bósforo como el acceso al cuerno de oro siglos atrás: Queríamos volver ahí para ver el atardecer en el estrecho pero luego fue demasiado tarde y estábamos demasiado lejos. Paramos para cambiar euros por liras turcas sin comisión a 2,245 LT/€. Compramos varias cosas y estuvimos en la puerta del Mango más grande del mundo, qué diferente era aquella ciudad de la Turquía que habíamos conocido en Muș, casi diría que se notaba la diferencia de continente. De camino al puente de Galata compramos algunos regalos por las estrechas y empinadas calles de Pera, esta zona me recordaba al casco viejo de Ubrique, calles estrechas y empinadas con abundante vegetación en las casas.
Cruzamos el puente de Galata por debajo, era un centro comercial en sus entradas y luego, una vez sobre el río una zona de paseo casi marítimo lleno de restaurantes, los camareros nos hablaban en inglés y en español a ratos, desconcertados por los dos rubios del grupo y Maite, la chica de ojos claros, aquello era casi como una calle en un puente a la manera francesa.

El cuerno de oro, el puente de Galata y el de Bogaziçi.

La primera parada fue la Mezquita Nueva. Allí me cuenta de la riqueza del espacio árabe en comparación con las catedrales cristianas. La impresión que me dio fue brutal, probablemente con menor valor patrimonial y arquitectónico que el resto de mezquitas, la sensación de espacio y la riqueza decorativa me impactó mucho.

Mezquita Nueva.

Después de allí fuimos al mercado egipcio, rico en especias, café, té y dulces típicos turcos. Al salir de allí paseamos por Eminönü, un barrio lleno de calles empinadas tapadas por telas de diferentes colores y llena de personas y comercios cooperativos con calles dedicadas casi en exclusiva a una actividad. Me contaron que algunas de aquellas calles, al dedicarse todos a lo mismo, hacían una colecta con lo recaudado diariamente y se lo repartían entre todos a partes iguales, es decir, tenían un sistema de venta pseudo-gremial, de tal manera que podías encontrar la calle de los botones, la de los pañuelos, etc.

Mercado Egipcio.

Desde allí trepamos literalmente hasta la mezquita de Süleymaniye, construida por Mimar Sinan, uno de los arquitectos más famosos de Istanbul, también visitamos su Haman (baño turco) al pie de la mezquita. Esta mezquita era especialmente hermosa, indescriptible. Si la otra me impresionó por ser la primera mezquita inmensa a la que entraba, esta era aún más grande y con mejor decoración. Allí había una boda turca, prácticamente a la manera occidental, aunque la novia llevara un velo blanco, me gustó más la boda kurda, no sé si por el carácter popular o por la falta de opulencia que había en Muș. Desde allí arriba se podía ver el Skyline de la ciudad. El Bósforo, las mezquitas, el puente del Galata, los barcos pasando por medio, oriente y occidente besándose en el puente de Bogäziçi.

Mezquita de Süleymaniye.

Después fuimos al Grand Bazzaar, un auténtico laberinto enterrado, hicimos desesperarse a uno de los comerciantes, por tres camisetas bajamos regateando desde 45 liras turcas, unos 22 euros, hasta 25 liras turcas, unos 12 euros por el lote. Después nos topamos de repente con la columna de Constantino, es tan alta que forma parte del Skyline de la ciudad, uno de los pocos vestigios romanos que quedan en la ciudad.
Comimos y fuimos a Hagia Sophia, una mezquita reconvertida en museo, su belleza es extraordinaria, y representa todo el ideario árabe de Istanbul. Cuando salimos de allí entramos directamente en la Cisterna Basílica y visitamos las enigmáticas cabezas de medusas que sostienen a modo de basamento algunas de las columnas. Después nos pasamos por la Mezquita Azul, muy cerca de los últimos dos monumentos y saciamos por completo nuestro apetito cultural, después de tantas mezquitas aún no entendía cómo podían ser todas tan similares pero a la vez tan diferentes e impresionantes.

Hagia Sophia interior.

Después de comprar kilos de baklavas, el dulce típico de Turquía, volvimos en tranvía a Taksim. Fuimos a cenar una sopa de arroz y otra de lentejas acompañados de un tercio de litro de yogur por algo menos de 2 euros, se puede comer barato si uno se busca la manera en Istanbul. Al volver intentamos callejear para cortar camino dirección al hostal, sin esperarlo nos metimos en la calle de las prostitutas, o eso seguimos pensando a día de hoy, chulos en las puertas y mujeres insinuándose en las ventanas llamándonos con gestos y silbiditos, se encontraba en una de las paralelas a Istilklak.
Volvimos al hostal y nos acostamos, pronto me quedé dormido acostumbrado al alboroto de esa zona. A las 3 nos levantamos para hacer las maletas y coger el bus a las 4 de la madrugada, Taksim seguía en las mismas, gente, tráfico, peleas y borrachos, homosexuales cogidos del brazo, prostitutas, música y quién sabe qué más. La noche anterior habíamos visto una pelea entre un borracho y la policía, el primero se arrepentiría al día siguiente. Había retenciones en Taksim, un trayecto de apenas 25 minutos en bus duró el doble.
Una vez en el avión y de vuelta a España ya era 2 de Septiembre de 2012. Cuando me senté en el sillón del avión me quedé dormido, no sentí ni el despegue, estuve muerto durante el viaje, como un zombi, estaba tan cansado del viaje que sólo me desperté de las 4 horas de viaje para comer lo que nos sirvió la compañía de vuelo. Una vez cogimos el AVE Madrid-Sevilla empecé a pasar a limpio las crónicas, todo parecía haber sido un sueño…

Jesús Francisco Román García
Kurdistán Norte
Del 23 de Agosto al 2 de Septiembre de 2012