Toros el 18 de julio de 1936, con el ubriqueño Reinita Chico, por Antonio Morales Benítez

José Morales y Antonio Morales 'Reinita Chico' (Foto: Archivo de la familia Morales).

José Morales y Antonio Morales ‘Reinita Chico’ (Foto: Archivo de la familia Morales).

Texto: Antonio Morales Benítez
La guerra civil marcó de una manera trágica a toda una generación de jóvenes españoles que fue arrollada por el tren de la Historia en un momento en que comenzaba a vivir. El conflicto bélico, además de su trágico balance, condicionó decisivamente su futuro y truncó repentinamente muchas de sus ilusiones y de sus proyectos. Después de la guerra ya nada sería igual. El sábado 18 de julio de 1936 era la fecha prevista para el comienzo de la feria de La Línea de la Concepción .Y a las 11 de la noche debía abrirse su ciclo taurino con la celebración de un festejo en el que iban a alternar dos jóvenes becerristas que empezaban a abrirse camino en el mundo del toreo: el sevillano Paquito Casado y Antonio Morales “Reinita “ de Ubrique.


Este festejo nocturno debía servir de prólogo a la feria taurina linense, que solía realizarse tras el desencajonamiento de las reses de la corrida del día siguiente, y en la que, en esta ocasión, estaban anunciados los matadores Manuel Mejías Bienvenida, Domingo Ortega y Rafael Ponce “Rafaelillo“.
Reinita y Casado estaban llamados a encontrarse aquella noche linense de hace ahora 80 años. Sin embargo, ese encuentro nunca llegó a producirse. La sublevación militar contra la República, cuyas noticias llegaron a La Línea el mismo día 17, iba a impedirlo. Un telegrama urgente de la empresa de la plaza enviado esa misma noche les anunciaba la suspensión del festejo ante la gravedad de las noticias que llegaban del otro lado del Estrecho.
Tras el conflicto bélico, el destino de estos dos jóvenes toreros irían por caminos distintos. Ambos intentaron retomar su carrera una vez acabada la guerra pero con desigual fortuna.
Paquito Casado, que había nacido en la capital hispalense en 1923, pudo desarrollar una corta pero fructífera carrera como matador de toros. Su afición contó con el apoyo de su propio padre, un antiguo torero cómico apodado “Fatigón que empezó a actuar en 1910 y que fue posteriormente empresario taurino . Paquito debutó en Sanlúcar de Barrameda en 1935 .En 1939 debutó como novillero toreando en plazas importantes, entre ellas las de Madrid y Barcelona .Un año después llevada toreadas 45 novilladas y tomando la alternativa en la plaza del Puerto de Santa María de manos de Manuel Jiménez “Chicuelo “ y como testigo Vicente Barrera. En 1941 lidiaba 36 corridas y confirmaba la alternativa en la plaza Monumental de Madrid el 31 de mayo con Nicanor Villalta, completando el cartel Rafael Ortega “Gallito”. Alternó con Pepe Luis Vázquez, Juan Belmonte y Manolete. Su toreo valiente y su quietud le llevaron a las más importantes plazas hasta que decidió retirarse en 1945 tras dos temporadas en las que apenas pudo torear al disminuir el número de las corridas en las intervino .
En tanto que “Reinita” conoció peor suerte como torero. Nacido en Ubrique en 1918 y de extracción social más humilde, su único antecedente taurino fue su hermano José, que pisó las plazas como novillero entre 1927 y 1934, prodigándose con éxito en diferentes cosos de las provincias de Cádiz, Málaga y Sevilla, y gozando de un gran cartel en Ronda, donde intervino numerosas tardes y consiguió debutar en la plaza de Sevilla en agosto de 1934. Pero no dudó en interrumpir su carrera para apoyar la de Antonio .
Antonio Morales “Reinita” debutó en Arcos de la Frontera ese mismo agosto de 1934 acompañado de Chiquito de Algeciras .Un año después era ya conocido en las serranías de Cádiz y Málaga. En 1936 había consolidado su cartel y esperaba dar el salto a plazas de mayor entidad.
Pero tras el estallido de la guerra fue llamado a filas. Durante el conflicto sólo intervino en algunos festivales benéficos en las provincias de Córdoba y Badajoz. Terminada la contienda consiguió reaparecer en 1940 y torear una tarde en Jerez. Un año después era llamado por el rondeño Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma“ para torear juntos por plazas de las provincias de Cádiz y Málaga, formando cartel también en algunas ocasiones con Joaquín Rodríguez “Cagancho”. Durante estos años, que alternaba con figuras, el toreo de Reinita adquirió la seriedad y la madurez necesaria para subir en el escalafón y buscar su propio sitio en el horizonte taurino. Sus faenas eran un alarde de valor y entrega. Pero en 1942 era de nuevo movilizado ante la eventualidad de una entrada española en la guerra mundial.. Ese mismo año decidía retirarse ante las numerosas dificultades que encontraba para continuar su carrera. Su última tarde fue en Ubrique durante el mes de septiembre acompañado de “Monterito”.
Pero sin duda fue el comienzo de la contienda española, a sus 18 años, el acontecimiento que determinó su futuro y que interrumpió su prometedora carrera .En su memoria siempre quedó el recuerdo del fallido festejo de La Línea. La plaza a la que tenía que haberse dirigido desde su localidad natal aquella mañana de julio de 1936 a encontrarse con su propia historia y que la guerra frustró. Una plaza a la que nunca fue pero en cuya arena dejó parte de sus sueños. Fue la corrida que no pudo ser. La oportunidad imposible. Un festejo que incluso no aparece anunciado en el programa oficial de la feria de La Línea, porque durante aquellos años las becerradas, aunque toleradas, no solían anunciarse ya que la autoridades gubernativas era muy remisas a la hora de conceder los oportunos permisos, pero que ha estado presente en el recuerdo de muchos aficionados
Tanto Casado como Reinita fueron integrantes de aquella generación taurina de los años 30 que en muchos casos pasó como un cometa por el planeta de los toros. Pero que brilló con luz propia. Hoy muchos críticos reconocen que la fiesta nunca fue tan emocionante y bella como durante esa década, cuando a Joselito y Belmonte le sucedió toda una generación de matadores y novilleros que recogió sus enseñanzas y protagonizó una época única de la tauromaquia. Sólo la guerra civil impediría ver aquellos frutos.
En este sentido Antonio evocaba siempre a algunas promesas del toreo que no cuajaron, como el portuense Niño del Matadero, a causa de las cornadas recibidas; a matadores como Pascual Márquez, que también estaba anunciado en La Línea en aquella fatídica feria de 1936; y conservó siempre en su retina una tarde memorable de Cagancho en Grazalema .Y señalaba también que durante aquellos años cuando salía un torero era un “torerazo“ por la forma cómo los diestros se preparaban para afrontar su carrera, de su afición sin límites y de lo entendido que eran en el ganado y en todas las suertes del toreo .
En este sentido estos jóvenes, que estaban anunciados en La Línea aquel fatídico 18 de julio en La Línea, integrantes de la generación taurina de los 30, vivieron en primera línea la historia del toreo de buena parte del siglo XX.

[Fuente: Facebook del autor]