‘Acoso escolar: educación y orientación’, por Rafael Vega Oliva

Texto: Rafael Vega Oliva

Lo he titulado acoso escolar y debí añadirle el adjetivo: Supuesto. Pero en el más estricto sentido de la palabra, ya que los avisadores y las alarmas no saltan y al contario, enmudecen:
El interesado no dice nada y calla por temor a represalias.
Los padres no detectan ningún cambio en el niño o tardan tiempo en percatarse del mismo, y cuando se enteran ya es demasiado tarde.
A los docentes se les puede escapar este problema en el aula, ya que su misión básica diaria es la enseñanza, y no disponen del conocimiento suficiente para adelantarse a un caso de acoso, además de que los acosadores buscan los momentos claves, recreos o espacios comunes, donde no se encuentren profesores o incluso esperan para actuar fuera del centro. A esto también contribuye el uso indiscriminado de las redes sociales y los móviles, por los jóvenes en edades cada vez más temprana.
Los compañeros de clase tienen un papel importante, pero la mayoría de las veces también callan por miedo a los acosadores.

“El acoso se ha producido”, pero nadie lo destapa y pasa de ser algo puntual a convertirse en acciones continuas. El único que realmente lo padece es el atacado, que además de sufrirlo, le está afectando directamente a su dignidad y por supuesto a su comportamiento social, además habitualmente se trata de alumnos con poca iniciativa para denunciarlo y mucha dificultad para hacerle frente a los acosadores.
¿Quién detecta el problema a tiempo?: La detección precoz a tiempo es fundamental. Los departamentos de orientación educativa dirigidos por los equipos de psicólogos y médicos, serían los encargados de actuar: en primer lugar activando el protocolo contra el Bullying, y actuando seguidamente contra el problema, ante la detección del menor síntoma.
Pero es evidente que aquí está fallando algo: Aún suponiendo que haya conciencia del problema, si no hay recursos y no se disponen en los centros escolares de suficientes profesionales como los orientadores-psicológicos, no se solucionará nada.
La media en Europa es de un orientador educativo por cada 250 estudiantes, que ya es insuficiente por tratarse de una pieza clave de la educación, pero aun más si lo comparamos con las cifras que disponemos en Andalucía, que en algunos centros puede llegar hasta: un orientador por cada 700 estudiantes. Por muchos protocolos y buenas intenciones que se hagan, no se soluciona el problema. Los centros educativos necesitan actualmente aumentar el número de profesionales que se preocupan por la orientación escolar de nuestros hijos.
La labor continuada y exclusiva de estos profesionales y la información directa a alumnos y compañeros de clase, pueden ser la pieza clave para la detección precoz de estos casos.
Hay que tener en cuenta que estamos hablando de conflictos muy peligrosos, que cursan, en silencio, pero con gran crueldad, llevando al límite y a la autolesión a algunos jóvenes.
Hagamos que se pongan los medios para mejorar la educación y la salud mental de nuestros hijos y evitar situaciones de verdaderas tragedias familiares y sociales.