‘Atanasio, in memoriam’, por José Luis López Núñez

Atanasio Villaba (Foto: Peña Flamenca de Ubrique).

Atanasio Villaba León (Foto: Peña Flamenca de Ubrique).

Texto: José Luis López Núñez

Plaza de la Verdura, noche negra y sin estrellas. Sin un brillo que te dé un poco de esperanza. El flamenco se tiñe de luto y la Peña se queda callada. Se nos ha ido Atanasio. Sin ruido pero sin pausa, por desgracia. Su voz la tenemos clavada en nuestra alma. Su don de gentilhombre siempre estará presente, pues al igual que Antoñito el Camborio no habrá otro de porte andaluz con más gracia, ni más flamenco ni con modales de patria.
Un silencio triste recorre mi pueblo, Ubrique y a mi pequeña Plaza de la Verdura donde tantas noches de alegría expresaron tus cantes de España. Atanasio: traje claro, corbata roja y paso firme sube al estrado para presentar otra velada con su don de palabra, que se apropia del recinto como un aroma inmaculado.

Todo es ya recuerdo desde esta mañana. Tu cuerpo quedó oculto pero no tu palabra, que seguirá deambulando por nuestro pueblo al que tú tanto amabas. Atanasio, para Ubrique, Andalucía y España. Querido amigo, cuanto echaré de menos tu palabra, tus abrazos y tu voz cálida.
Compartí contigo el sabor del Arte y su fragancia y tu verso escrito, que tanto amabas. Tu talento, un micrófono de plata donde llevaste los duendes del flamenco a cada casa, a cada hogar, a cada rincón de tu pequeña patria.
Decía, compartí contigo, tertulias, charlas y mucha amistad sin tacha. Y ahora, mirando al infinito, veo tu aura tan clara, ese resplandor que provoca que una lágrima fugaz brote y resbale por mi cara.
Sentimientos compartidos en tantos instantes de amistad sagrada. Sí, sagrada. Eso fue para mí tu palabra: soleá, seguirillas, tangos, pero no más alegrías que inflamaban el alma. Se quedó muda y ronca, quebrada tu garganta. Enmudeció esperando que allá en el cielo te encuentres con los flamencos de tu casa para fundar otra Peña donde se oirá de nuevo tu voz de plata.
Peña Flamenca de Ubrique en los Cielos se llamará para acoger a cuantos, poco a poco vayan llegando a un mundo distinto, donde el cuerpo solo es el alma y el recuerdo, infinito, por los siglos de los siglos.
María: Señora entre señoras e hijos de Atanasio. No temáis pues la vida infinita se la tenía ganada. Atanasio fue un hombre de bien y es de los que se recuerdan toda la vida. Yo, al menos, siempre lo tendré en mi corazón y mientras viva pregonaré a los cuatro vientos, su generosidad, su hombría y su eterno cariño.
Tu amigo José Luís López,

Voces de muerte sonaron
Cerca del Benafelix.
Voces antiguas
Y voces cercanas,
Brotes de clavel y rosa.

Tu corazón malherido
Te dio un golpe mortal
Y nos privó de tu presencia
Y nos quitó tu aliento de verdad.

Atanasio, puñales de plata
Te hicieron sucumbir,
Pero tu aliento perdura
Cerca del Benafelix.

Ubrique te recuerda
Y tus amigos de siempre
Sufren por no tenerte aquí.

Viva moneda de hombre
Que nunca se volverá a repetir.
A las cinco de la tarde,
Qué hombre de postín.

La luna de plata, los olivos
Y el aire andaluz
Te hacen corro
Y te dicen: hasta siempre, amigo.

Y Federico García Lorca
Te dedicará sus mejores
Versos, de amor y ternura
Y de andaluz cañí.