‘Espejismos’, por Casiano López

CUADERNO DE APUNTES
Casiano López Pacheco

La felicidad queda lejos. A demasiadas cuadras de aquí. Su contorno se desdibuja con el paso del tiempo y su perfil se difumina hasta volverse borroso confundiéndose con las brumas de Avalon. Lo que permanece sin embargo, es la presencia afilada del presente. Las horas cargadas de monotonía, de ritos prescindibles pero firmemente anclados en la vida de cada uno. Rutinas impuestas para poder sobrevivir en un mundo que navega a la deriva. Confundidos como un punto más entre una constelación infinita de millones de estrellas; perdidos en el denso mármol negro de un universo que no deja de crecer. Como aumenta paulatinamente la desazón en el alma de cualquiera, en el rompeolas de una cadena de horas que van deshilvanando el traje que nos cubre, acercándonos a la desnudez.

A una desnudez que nos vuelve vulnerables y que nos ruboriza frente a las miradas de los otros. Nos refugiamos entonces volviendo la mirada hacia atrás , en busca de los días perdidos.
Abrimos el libro de los recuerdos y allí, brillan en el fondo, las ascuas apagadas de los amores vencidos. Los besos irrepetibles que ahora ya no tienen el mismo sabor. Las caricias dormidas que anhelamos resucitar en nuevas pieles para poder despertar en el brillo de unos ojos desconocidos, la pasión de entonces.
Nuestro corazón, ahora, es un espejo azul de aguas quietas. Sí, la felicidad queda lejos. Es la sombra efímera de un pajarillo al que una vez tuvimos en la manos y que en un descuido alzó el vuelo, dejándonos el molde hueco de un instante de plenitud.
Un tibio recuerdo, una pequeña muerte, un ascenso a los cielos antes de la vertiginosa caída al precipicio que nos espera a cada uno.