Una década del inicio de la excavación arqueológica de la fosa común de El Bosque con 13 fusilados de Ubrique

Pepe Vázquez, ante la fosa común de El Bosque.

Pepe Vázquez, ante la fosa común de El Bosque.

El arqueólogo Jesús Román Román, miembro de la Asociación Papeles de Historia, escribió el 13 de enero de 2014 en su página de facebook  el siguiente artículo: “Hoy hace 10 años del inicio de la primera intervención arqueológica de exhumación de víctimas asesinadas por los fascistas en Andalucía. Hoy hace 10 años que en El Bosque un grupo de familiares de Ubrique luchaban por sacar de las garras de la tierra a sus seres queridos asesinados en el terrorífico verano de 1936. La constancia de estas familias hizo posible la titánica tarea. A esto debemos sumar la aportación, nunca lo suficientemente agradecida, de Pepe Vázquez, que con sus 91 años por entonces, dijo todo lo que sabía respecto a las fosas y a los asesinados y enterrados en ella. Logró romper las ataduras del miedo y decir abiertamente lo que tuvo que vivir. Fue testigo directo, de primera mano, ya que fue obligado, de forma cruel, a enterrar junto a un grupo de bosqueños a una serie de personas, naturales de Ubrique, Benamahoma y Grazalema, asesinados por las cuadrillas de matones de Falange. Sus propias manos transportaron las parihuelas con los cuerpos de esos inocentes desde la antigua carretera de El Bosque a Benamahoma, sus propias manos abrieron las fosas de la ignominia donde fueron a parar los cuerpos ajados de estas personas, que 68 años después serían recuperados y dignificados”.

“Fue la primera intervención con metodología arqueológica en Andalucía (aunque antes se había intentado localizar y exhumar sendas fosas en Lecrín y Órgiva), la primera, y última –al menos en esas condiciones-, en la que las administraciones públicas intervinieron directamente enviando a dos arqueólogos de la Delegación de Cultura de Cádiz (a esto habría que sumar el apoyo de Diputación, hoy tan alejada de estos temas desgraciadamente, y del Ayuntamiento de El Bosque). Se localizaron y exhumaron dos fosas, la primera con 6 cuerpos y la segunda con 7 cuerpos, conocidos como los 13 de Ubrique, que serían enterrados dignamente en su localidad de origen tiempo después. También fue mi primera participación en una intervención de este tipo.
Lo ideal hubiera sido que las Administraciones Publicas hubieran asumido esta labor, como ha pasado en otros países, pero desgraciadamente no fue así y esta labor recae, aun hoy, en los familiares y Asociaciones de Memoria Histórica, que a pesar de los tiempos que vivimos continúan, con dinero o sin dinero de las Administraciones Públicas, recuperando a los suyos, dignificando su memoria y haciendo Justicia en la medida de sus posibilidades, aunque desgraciadamente no sea la Justicia que debería ser, la de un “Estado de Derecho” que se ampara en una torticera ley de Amnistía, surgida de la cada vez más criticada “modélica” Transición, a la que muchos Jueces recurren para dar carpetazo a las aspiraciones de Justicia de los familiares, y todo ello a pesar de las recomendaciones de la ONU. Estos familiares y Asociaciones también se enfrentan a una caverna política y mediática que habla de no “reabrir heridas” aun hoy, 36 años después de la “modélica” transición que tantas heridas en falso cerró, se habla de no “reabrir las heridas” como si estas hubieran cerrado alguna vez en los familiares de las víctimas. Creo que es hora de actuar como pueblo civilizado que somos, reconociendo y asumiendo nuestro pasado, sin miedos ni rasgándonos las vestiduras, aprendiendo de él.
Personalmente, y a nivel local, me quedan algunas espinas clavadas. La primera que el cementerio de El Bosque, con su muro perimetral, debería haber sido declarado uno de los primeros Lugares de Memoria Histórica de Andalucía, una vez más las administraciones llegan tarde, tanto por lo “simbólico” de haberse llevado aquí la primera intervención arqueológica de exhumación de victimas asesinadas por los fascistas como por ser un lugar de ejecución, ya que sobre el muro Oeste, muro actualmente oculto tras unos nichos en el denominado patio antiguo que está siendo actualmente desmantelado y que forma parte también del cierre de la Ermita, es donde se tiene constancia, por testimonios orales, que las cuadrillas de Falange asesinaban. También se tiene constancia de otros lugares de ejecución como en una curva de la antigua carretera de El Bosque a Benamahoma, cerca de la conocida como Fábrica de las Palmas, o lugares marcados por el dolor como el “Olivo de los Muertos” o la “Curva de los Encerraeros”.
Otra espina es de que los bosqueños asesinados y enterrados en el cementerio de Benamahoma (aunque también hay bosqueños en el cementerio de Ubrique, en Benaocaz, Prado del Rey o en el cementerio de Arcos) estuvieran descansando dignamente en El Bosque. En el cementerio antiguo de Benamahoma se intervino hace unos años con una fuerte cantidad de dinero público para transformarlo en un inutilizado Parque de la Memoria (hoy quieren hacerlo Jardín Botánico, ¡las vueltas que da la vida¡) y en el que no se contempló ningún tipo de actuación arqueológica de exhumación, ya que según “voces autorizadas” y tras estudios que nadie conoce ni han visto la luz, en este lugar, donde fueron asesinadas y enterradas más de un centenar de personas en el verano-otoño de 1936, no quedaba nada por acción y providencia de la cal viva que se le arrojaba a los cuerpos, sin embargo esta misma cal era la que cubría los cuerpos en el cementerio de El Bosque y que fueron recuperados y trasladados a sus localidades de origen: Ubrique y Benamahoma. Es una pena que no se le hubiera hecho la misma justicia a los bosqueños asesinados y enterrados en Benamahoma, disponiendo de los medios necesarios, y que tan reclamados han sido por sus familiares.
Se ha avanzado mucho en la denominada Memoria Histórica en estos 10 años pero aun queda un inmenso trabajo por hacer y este trabajo es a contrarreloj, sobre todo para los familiares más directos. Las víctimas y sus familiares bien merecen ese enorme esfuerzo”.