‘Tocado’, por Casiano López

LOS PARAÍSOS PERDIDOS
Casiano López Pacheco

En esta cuestecilla de enero de 2014 que aún no se ha transformado en endiablada ascensión a la cumbre, surcada y bordeada de precipicios y abismos, donde es posible e incluso probable perderse, la monarquía borbónica española ha sufrido un impactante mazazo de repercusiones imprevisibles. Ha ocurrido en año par- acabado en 4- con un Rey mayor, balbuceante, frágil, de salud y engranajes delicados, al que la noticia de la imputación de su hija Cristina, debe haberle sentado peor que un tiro, para un hombre de corazón sensible y alma cansada.

Peor incluso que los muchísimos años que lleva al frente del Bribón- digo, del timón de la cainita España que tenemos por patria- y de las interminables crisis por las que hemos pasado. La última- en plena vigencia- por encima de los mensajes de optimismo y recuperación que lanza este gobierno de desnortados y obtusos ministros, extraídos de las filas de un partido untado con dinero negro, por mucho que nieguen la mayor y los de la bancada contraria intenten sacar tajada de la situación sin mirarse antes sus vergüenzas propias.
Y hablando de tamaños, es una duquelita grande , grande la del Rey. Don Juan Carlos es una persona bonachona y un personaje histórico que va perdiendo- a su pesar- brillo, con el paso del tiempo. Que le va quitando capas y capas de lustre, desescamándole como a un pez fuera del agua , sin fuerzas para resistir.
La corrupción salpica cada estamento de la vida española y la monarquía, heredada del General Franco , tampoco se escapa a la espectacular hecatombe que sigue abriendo una considerable brecha , demasiado aguda, entre ricos y pobres en un país donde la clase media terminará diluyéndose con un par de vaivenes más en este maldito baile que no nos deja tomar un respiro.
Malditos y fantasmas, como la sociedad Aizoom, pergeñada por la Infanta Cristina y la codicia insaciable de su marido Urdangarin , que más debiera haber nacido en los tiempos salvajes y crueles del pirata Barbarroja, en vez de ahora para ahorrarnos semejante ignonimia.
Si realmente se demuestra lo que el Juez Castro desgrana minuciosamente en su auto ( de fe ) , la monarquía, el Rey y el resto de lo que van a bordo, habrían recibido una consumada estocada en el pecho, de manos de la inocente Cristina Federica, que ni el mismo Alejandro Dumas hubiese podido mejorar en la trama sublime de los Tres Mosqueteros, o nuestro querido Arturo Pérez Reverte, en una de las aventuras de capa y espada de su genial Alatriste. Tocado. Directo al corazón.