Los herederos ubriqueños de Pedro de Matheu pintan en Cádiz

Pedro de Matheu

Pedro de Matheu

Por Fernando Sígler.
Texto íntegro del artículo publicado en El Independiente de Cádiz el 26 de mayo de 2013
Una representación de varias generaciones de la hornada de artistas desarrollada en Ubrique desde la posguerra y que tuvo como catalizador al pintor salvadoreño formado en Francia Pedro de Matheu presenta en el Palacio Provincial de Cádiz hasta el 30 de junio una muestra de su creación. Figura entre ellos uno de los precursores de esta escuela ubriqueña, Antonio Rodríguez Agüera.

 

Quien se pierde en el intrincado trazado del casco antiguo de Ubrique tiene a su alcance conocer las claves del florecimiento de una fecunda escuela pictórica cuyos precursores comenzaron a dotarla de identidad en la primera posguerra y que tras varias generaciones se ha consolidado como una de las referencias de la creación plástica andaluza actual. El trabajo autodidacta de aquellos pioneros tuvo un catalizador en la figura de un artista de renombre internacional que llegó a Ubrique en 1958 y mantuvo su relación con este pueblo hasta su fallecimiento, en 1965. El salvadoreño Pedro de Matheu, formado en Francia e hijo de diplomático, nutrió su inspiración de la sinuosidad de las calles y de la peculiar arquitectura popular de esta villa de la Sierra y estos elementos le siriveron de modelo para la serie que él mismo denominó “arabescos”.

A su alrededor aglutinó a quienes ya venían reflejando en sus lienzos el zigzag del casco viejo y los paisajes del entorno y sobre ellos ejerció una influencia que permitió desde entonces hablar de la escuela de Matheu. Pero sus discípulos ya acumulaban una larga trayectoria. Juan Carrasco León, nacido en 1921, supo sacar partido, dentro de los cánones de un paisajismo realista, a las inagotables posibilidades pictóricas de los pueblos blancos. Este artesano repujador, que se inició en la pintura en su temprana juventud y que estudió en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Cádiz, presentó su primera exposición, junto a otros pintores ubriqueños, en 1941. Amigo personal de Matheu, reconocía en éste a un maestro que lo animó a retomar los pinceles tras un momentáneo abandono, pero, al mismo tiempo, Juan Carrasco, que además ha cultivado la fotografía, fue asimismo maestro de otros artistas locales. De la misma generación y también amigos y herederos artísticos de Matheu fueron Francisco García “El Repujador” y Francisco Peña.
Una generación posterior está representada por Antonio Rodríguez Agüera, tal vez el de trayectoria más reconocida de todos los pintores ubriqueños en activo y de quien llama la atención el dinamismo de las líneas de sus composiciones. Nacido en 1940, Agüera también aprendió de Matheu los rudimentos técnicos y el manejo de la espátula, y con su visión personal del paisaje siempre se ha caracterizado por la investigación de nuevas técnicas y su interpretación peculiar de la luz que ofrece la naturaleza.
Un estilo muy personal es el que ha exhibido también durante casi cuarenta años José Luis López Núñez, que ha destacado por su capacidad para representar el paisaje mediante formas geométricas. Asimismo ha sido un investigador de nuevos caminos y ha cultivado la estilística impresionista y la puntillista, siempre para reflejar su visión del medio urbano de este pueblo, pero en él la imaginación se superpone con frecuencia a la realidad. En una muestra de 2004, mostró su inquietud por la búsqueda de nuevas expresiones, con obras abstractas que significaron una ruptura en su trayectoria.
Los rincones del casco antiguo de Ubrique son la predilección de otro de los puntales de esta hornada de artistas salidos de sus entrañas. Miguel López Salas siempre ha dicho que estos recovecos los seguirá pintando de por vida, porque son dignos de ser enseñados. “Muchas veces no hay que añadir nada; cada rincón sale tal como está”, sentencia.
Si Agüera convirtió en objeto de atención artística el humilde banquillo en el que de antiguo se han sentado los petaqueros en las fábricas y boliches para hacer su trabajo de marroquinería, Juan Chacón Coronil siguió su estela y en 2001 presentó una muestra de cuarenta obras realizadas a lápiz en torno a este motivo que les prestó unidad. De esta forma, Juan Chacón, al reconocer el antecedente que en la dignificación de este humilde enser representó el maestro Agüera, quiso también rendir homenaje a la actividad artesanal ubriqueña.
Todos ellos pertenecieron a una generación de artistas que en las postrimerías de la didactura creyeron “en el sueño del influjo benéfico del artista en la sociedad”, y crearon la Asociación de Amigos del Arte, “iniciativa catalizadora de la afición pictórica desarrollada en la localidad e impulsora de futuras vocaciones jóvenes, y cuya autoridad colectiva es una voz contra tanto abandono del patrimonio arquitectónico y paisajístico” de entonces, según el juicio de Pedro Bohórquez, estudioso de la creación plástica de esta hornada de pintores.
La semilla del padre artístico de los autores plásticos ubriqueños quedó sembrada hace más de medio siglo y regresó a Ubrique, como gran acontecimiento cultural, hace ahora once años, en 2002, en forma de exhibición de 35 de sus obras, una muestra organizada por uno de los pintores de las generaciones posteriores a la de aquellos pioneros, José Luis Mancilla. De esos cuadros, once cuelgan aún de paredes ubriqueñas: dos son del Ayuntamiento, otros dos del Asilo y el resto de particulares. Y este último es un rasgo distintivo de la identificación de los convecinos con los artistas salidos de este mismo pueblo: el hecho de que gran parte de la producción plástica de estos pintores conviva en el ambiente cotidiano de los ubriqueños que admiran estas obras en sus propias viviendas y eso permite que los paseantes puedan de igual modo gozarlos porque se ven a través de las ventanas de muchas casas.
Aquella muestra de Matheu de 2002 en Ubrique fue significativa de toda su trayectoria; no hubo ninguna etapa sin cubrir y permitió conocer la evolución del artista. José Luis Mancilla opina que, pese a su formación, la pintura de Matheu no es francesa, tampoco española, pese a sus raíces hispanas; su pintura es en gran medida “andaluza”.
Precisamente, Mancilla es uno de los participantes en la exposición Ubrique Pinta, inaugurada el día 15 en el Palacio Provincial de Cádiz y abierta hasta el 30 de junio.
En esta muestra se integran representantes de la última generación, la que ha tenido una formación académica en las facultades de Bellas Artes de Sevilla y Granada y hoy son profesores de esta materia. Rafal Domínguez Romero, que imparte clases en el instituto de los Remedios, aunque no eludió “el filón del que se ha nutrido, hasta rozar el agotamiento y acercar peligrosamente al hastío al espectador, se ha detenido en el paisaje urbano ubriqueño para, trascendiendo el tópico, devolvérnoslo en enfoques inéditos bañados en nueva luz”, según la apreciación de Pedro Bohórquez. También Juan Pedro Viruez, titulado por la Universidad de Sevilla y que ejerce de profesor de instituto, está presente en esta muestra.
Por su parte, de José Antonio Martel, docente del bachillerato artístico en el instituto de Las Cumbres y que fue alumno de cursos que impartía Juan Carrasco a comienzos de los ochenta, ha dicho el escritor José Manuel Benítez Ariza que lo importante en él es “el misterio de la luz sobre una pared encalada, la confusión de nubes y montañas en el horizonte de un día de lluvia, el imposible escorzo de una espadaña vista desde un callejón hondo. No hay cuadro de Martel -prosigue- que no plantee un reto técnico de difícil resolución. Y no por un afán de virtuosismo o pintoresquismo, sino porque ésos son los misterios que la realidad plantea a quien la mira con los ojos bien abiertos”.
Benítez Ariza, precisamente, en autor del libro Pintura rápida, un homenaje al certámen nacional que se celebra a comienzos de septiembre y que promovió un particular, Cristóbal Ríos, desde su bar de las Cuatro Esquinas. Esta actividad culminó su novena edición en 2010. Desde entonces, este concurso lo organiza el Ayuntamiento. El año pasado el primer premio lo obtuvo precisamente Rafael Domínguez Romero.
También están presentes en la muestra colectiva del Palacio Provincial de Cádiz José Antonio Hinojos Morales, ganador el año pasado del XLVII certamen local de pintura, Celia Pais y Carmen Izquierdo.
Hay ausencias notables, como la de Pedro Lobato Hoyos, uno de los profesionales de la pintura, autodidacta y virtuoso del paisajismo [si bien éste, al igual que otros artistas mencionados, no forma parte del colectivo Ubrique pinta].

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Noticia y vídeos publicados en la web Pintores de Ubrique.