‘Algo huele a podrido’, por Casiano López

PAPELES AL VIENTO
Casiano López Pacheco

Estamos mucho más allá de lo que las pelotas sufridas de un ciudadano corriente puede soportar sin que se produzca un estallido brutal que se lleve por delante a unos cuantos de los que deliberadamente nos las están haciendo pasar canutas, o cualquier otro término que el respetable considere oportuno. Hastiados de tanto malandrín corrupto al más puro estilo Bárcenas, con sus milloncejos evadidos en Suiza y sus latifundios inmensos en la hermana Argentina. Vomitivamente asqueados del tráfico de sobres con los que muy cabrones se untan los unos a los otros como si fuese la cosa más natural del mundo, en un despliegue de billetes violetas que nadie, excepto los chinos han visto jamás”.

“Cansados de que se protejan en una omertá sin fisuras, cubriendo las vergüenzas de los ERES, esnifados en cocaína, comilonas y chicas fáciles, a cambio de unos carguetes que sirvan para premiar a los afines y a los amigotes. O la caradura del ex presidente de la CAM, que se embolsó 640.000 euros en comisiones cuando le correspondían solo 20.000. No nos basta, tampoco que la Casa Real se haya desprendido de parte de su parque móvil o que haya reducido su presupuesto en un poquito si aún queda un garbanzo negro, experto en balonmano, que la metió (la zarpa) donde no debía y ahí sigue impune, a nuestro pesar.
A los que nos piden más gestos, más austeridad, más sacrificios y que nos apretemos todavía los pocos agujeros que quedan del cinturón, vamos a gritarle a la cara que el tiempo de los idiotas y de los imbéciles toca ya a su fin. Que somos muchos-as los sacrificados en el altar del dinero para que los bendecidos corruptos se sigan forrando a manos llenas, con el dinero que se sisa allí dónde lo haya (llámese Educación, Sanidad o Servicios Sociales) y que a nadie se le ocurra poner el grito en el cielo.
Que esto ya no parece España, que ver gente rebuscando en los contenedores es casi una costumbre y que los pobres pensionistas de este ibérico solar no llegan ni soñando a fin de mes, porque tienen que hacerse cargo de sus hijos-as parados, que el Sistema (implacable), como Saturno, ha terminado por devorar para que la pirámide no se desmorone jamás, pase lo que pase.
Como dijo el añorado Labordeta: Vayánse a la mierda. Todos“.